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REGRESO A CLASES,....PERO SIN RAMA


            Como siempre ocurre, el inicio de clases genera un muy particular movimiento que difícilmente nos pase desapercibido. En este año adquiere la particularidad de coincidir con un cambio de gobierno lo cual implica un cambio en las autoridades de la enseñanza en muy breve plazo. También en este año existe la particularidad de que finaliza la “época Rama” y con ello toda la expectativa de qué viene después. La impronta personal que Germán Rama imprimió a la conducción de la enseñanza en estos cinco años llevó a que la reforma educativa tuviera nombre y apellido y seguramente en el futuro la recordemos como “la reforma de Rama”. Como todo proceso de reforma, por lo menos en nuestro país, implicó una etapa particularmente conflictiva, donde todos nos vimos obligados a opinar sobre ella y finalmente tomar partido. En estos día he oído muchas opiniones coincidentes en que la reforma en sí misma no es mala, el problema era Rama. Esta particular visón de las cosas supone que los cambios introducidos en nuestro sistema educativo son, por lo menos, aceptables y que el principal factor que llevó al enfrentamiento entre las autoridades de la enseñanza y los docentes, así como con la oposición política no eran los contenidos mismos de la reforma sino el estilo su conductor. Según esta visión del problema si el presidente del Codicen hubiera recorrido los caminos del diálogo, de la participación docente en los cambios a implementar, la reforma educativa contaría con una nivel de adhesión muy importante. Por el contrario, el estilo “autoritario” de Rama, la imposición de la reforma por la vía de los hechos, sin escuchar a los gremios llevó a que las favorables expectativas iniciales se volcaran en contra.  

            Sin pretender ignorar que los estilos personales muchas veces resultan decisivos, creo que el famoso “factor Rama” esta siendo utilizado para encubrir el verdadero trasfondo del problema. El estilo de conducción de Rama en definitiva resulta parte de la anécdota pero no la sustancia. Entiendo que aquí se está haciendo una lectura equivocada del tema, que llevaría a pensar en que alcanza con encontrar la persona adecuada para conducir la enseñanza y se terminarán los problemas. Lamentablemente no es así y estos cinco años sirven para demostrarlo. El verdadero problema radica en que la enseñanza siempre ha sido un área de confrontación político ideológica, donde se ha entablado una encarnizada lucha por el poder. Desde la izquierda siempre ha existido la visión de que la enseñanza debe ser independiente del poder político (entendido éste como el gobierno de blancos y colorados). Paradojalmente los admiradores del modelo cubano, tomando la enseñanza universitaria como paradigma, han pregonado la autonomía del resto del sistema educativo. La cultura contestataria de la izquierda uruguaya ha sido más fuerte que las teorías estatistas centralizadoras, y el accionar de los sectores que conforman el FA siempre ha tenido como uno de sus principales nortes el control de la enseñanza. En la medida que durante mucho tiempo se sintieron muy lejos de acceder al gobierno optaron por el control desde sus bases, o sea de los gremios docentes y estudiantiles, al punto tal que en sus estructuras organizativas partidarias existen “los frentes” estudiantiles y docentes. Sin ningún tipo de competencia en ese nivel, la izquierda fue controlando política e ideológicamente todas las estructuras de poder formales e informales, con excepción del Codicen. La gran mayoría de los docentes comparten la cultura contestataria de la izquierda, o al menos expresan un alto grado de disconformidad hacia los gobiernos abonado por una significativa pérdida del valor real de sus ingresos. La izquierda controla o tiene un fuerte ascendiente sobre las asambleas docentes y estudiantiles, sobre las comisiones de padres o barriales que trabajan con las escuelas, sobre los cuerpos inspectivos y los directores, a lo cual se debe sumar el control total de la Universidad estatal y de muchas expresiones culturales que se relacionan con la enseñanza de una forma u otra. Creo que desconocer este panorama como punto de partida para cualquier reforma educativa resulta muy ingenuo.

             Efectivamente, en el inicio, Rama contaba con antecedentes muy buenos para ser aceptado por esta estructura de poder. Sus libros y artículos figuraban como principales referentes en la materia, su visión estatista y centralizadora de la enseñanza resultaba muy alentadora frente a este mundo neo liberal. En el parlamento el FA votó su designación y aprobó la reforma, sin embargo en muy poco tiempo comenzó la oposición que llegó a extremos inusuales de radicalidad. El problema estuvo centrado en que Rama no inició un “cambio a la uruguaya”, por el contrario asumió la representatividad y, por tanto, la autoridad de su cargo, iniciando un proceso de reformas acelerado que cambiaba la ecuación de poder existente hasta el momento. No está muy claro quién rompe el diálogo primero, pero recordemos que los argumentos utilizados por los gremios contra la reforma no eran sólo de “estilos”, sino de contenidos. Se opusieron a la ampliación de la educación inicial por entenderla “apresurada”, se opusieron a los institutos de formación docente en el interior por ser “competitivos” con el IPA, se opusieron a la enseñanza por áreas en secundaria, así como a los cursos de capacitación docente, a la cooperación del BID y a la propia filosofía que alentaba la reforma tildándola de tecnocrática, orientada sólo al mercado y que atentaba contra la formación humanista y el desarrollo del espíritu crítico de los jóvenes, lo cual valió la desgremialización de los “colaboracionistas”. Tampoco podemos olvidar que se opusieron a todas aquellas medidas que intentaban mejorar la situación de los niños de hogares carenciados, donde la “guerra de las bandejas” fue un grotesco ejemplo. Se opusieron a esta reforma, al igual que a todas las otras que impulsó este gobierno.  

            Puedo aceptar que muchas veces el estilo de Rama complicó las cosas, pero también es cierto que la reforma logró cumplir con la mayor parte de las metas planteadas, algo insólito en este país. Pero a no engañarse, para modernizar nuestro sistema educativo será necesario despolitizarlo y los actores deberán asumir la legitimidad del Codicen en la conducción de la enseñanza.      


Por: Juan Carlos Doyenart
Publicadas en El Observador - 18 de marzo de 2000


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