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DESAPARECIDOS: POR EL CAMINO DE LO POSIBLE


            Han transcurrido 15 cortos años, desde la finalización de aquellos 12 largos años de dictadura. A pesar de ello este Uruguay dista mucho de aquel país del período 85 - 89. El mundo nos ha integrado a su globalización con todas sus buenas y malas repercusiones. Enfrentamos nuevos problemas con nuevas posibilidades, y muchas cosas de nuestro pasado reciente parecen quedar muy atrás. Sin embargo, esos doce años de dictadura militar difícilmente queden en el olvido y seguramente es lo mejor, porque del mismo modo que existe una memoria colectiva sobre los años de bonanza del Uruguay debe existir una memoria colectiva sobre los años negros. Seguramente en este punto estemos todos de acuerdo, pero el problema radica en cómo se cierran las heridas para que efectivamente esos períodos negros sean parte de una memoria y no de un presente que alimenta odios, dolor y sentimientos de revancha.

             El tema de los desaparecidos permanece como una herida sin cerrar, claramente está allí y requiere alguna solución. El problema no es sencillo, pero tampoco lo parecía en el 85 y pudimos avanzar positivamente. Hoy el presidente Batlle asume el tema de los desaparecidos como un problema de urgente resolución y busca caminos, comenzando por las responsabilidades múltiples que este supone. Como jefe de las FFAA reconoce la responsabilidad del Estado uruguayo y este no es un hecho menor, es un paso, una demostración de la voluntad de  pacificación y de diálogo. De acuerdo a los trascendidos de prensa esta voluntad también se expresa en el ofrecimiento de acciones concretas en la búsqueda de un punto final digno, que efectivamente permita ubicar este tema en la memoria colectiva de los uruguayos. Hoy la posibilidad pasa por una ley donde el estado reconoce que las personas desaparecidos en territorio uruguayo han muerto por sus ideas y por una compensación económica a sus familiares. Sobre esta idea pueden existir matices pero difícilmente se pueda ir mucho más allá.

             ¿Dónde están los problemas? En realidad por todos lados, pero tratemos de focalizarlos y ubicarlos en cierto contexto. Comencemos en pensar en los extremos posibles. Un extremo sería dejar las cosas como están, ello supondría mantener vigente una reivindicación que llega a amplios niveles de la sociedad, mucho más allá de los propios familiares. El mismo Batlle, con su iniciativa, ha reconocido que esto no es bueno para un país que requiere de paz y tranquilidad espiritual para enfrentar los desafíos que tiene por delante. El otro extremo supone el iniciar una investigación a fondo sobre el cómo, por qué y dónde que, finalmente, nos lleve a quiénes. Este extremo no sólo es impensable, sino que supone retrotraernos al período anterior a la Ley de Caducidad, que fuera avalada por la mayoría de los uruguayos. En segundo lugar, también es parte del problema que los “bandos en pugna”, por llamarlos de alguna forma, no han reconocido sus errores. Para la izquierda armada, que va más allá del MLN, no solo fue lícito enfrentar a los poderes constituidos sino que incluso se lo viste de ropajes románticos. Por su parte, los militares siguen convencidos que debieron actuar como salvadores de la patria y que los “excesos” cometidos simplemente respondieron a la lógica de la guerra. A ello debemos sumarle que no estamos en presencia de un ejercito derrotado militarmente al cual se le ponen cualquier tipo de condiciones. Por el contrario estamos frente a un ejercito que “ganó su guerra”, que siente el “orgullo” de haber servido a su patria y que asume como institución los excesos cometidos en ese período. No ver, o no querer reconocer estas cosas, hace estéril cualquier esfuerzo de punto final. 

Esta problemática nos lleva al campo donde pretende jugar Jorge Batlle  y no donde pretenden llegar quienes rodean a los familiares de los desaparecidos. Porque en este aspecto también debemos sincerarnos y decir las cosas como realmente son. Más allá del profundo dolor y necesidad de reparación moral que domina a los familiares, existen sectores políticos que han hecho de este tema su razón de ser y que el “punto final” les resulta intolerable porque cuestionaría su propia existencia. Estos señores que lucran con el dolor saben muy bien que no es posible llegar a sus demandas, que en definitiva pasan por la venganza de quienes torturaron y asesinaron en la etapa dictatorial. Pero de todas formas insisten en ese extremo como forma de hacer naufragar cualquier acuerdo. Porque ellos también saben que la solución pasa por un acuerdo político entre el gobierno y la oposición de izquierda liderada por Tabaré Vázquez. La negociación no es con ellos, sino con la fuerza política que actúa dentro del sistema, que asume la representación de casi el 40% del electorado y que aspira seriamente a llegar al gobierno nacional.  

Y aquí aterrizamos en el punto central. Batlle ha dado su señal, mueve sus piezas y coloca el tema en la propia mesa de Vázquez. Los parámetros en los cuales se puede mover el Presidente parecen claros, tiene una voluntad expresa de llegar a una solución pero también límites muy claros. En definitiva, hoy “la pelota” está en la cancha de Vázquez, de él dependerá que efectivamente se llegue a una solución acordada. Como en otros varios temas, pero principalmente en éste, Vázquez deberá demostrar cual es su postura ante los temas de interés nacional y cuál es su estrategia para ganar el próximo gobierno. Creo que el propio Vázquez hoy está analizando estas alternativas y sabe que estas cosas no saldrán de una resolución oficial de la mesa del FA, sino de su propia iniciativa y capacidad de liderazgo. Vázquez no es un intermediario entre gobierno y familiares, es actor principal. Deberá optar entre seguir un línea opositora no dialogista, enfrentando todas las decisiones del gobierno o el asumir otro tipo de oposición donde se pueda colaborar con el gobierno para que el país avance y se modernice en determinadas áreas. La primer estrategia le ha dado resultados en el pasado con un crecimiento electoral muy importante, la segunda puede significar el lograr convencer a quienes no se animaron a votarlo en noviembre de que es un estadista confiable y a su vez le permitiría que en este período de gobierno se solucionen algunos temas que a un gobierno frentista le sería muy difícil enfrentar. Justamente el tema de los desaparecidos no sólo es uno de esos temas, sino el principal.


Por: Juan Carlos Doyenart
Publicadas en El Observador - 1 de abril de 2000


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