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| Columnas de opinión | ||
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ALEGRÍA, SORPRESA Y MUCHAS PREGUNTAS
Cuando
el viernes 31, el presidente Batlle anunció que la larga búsqueda de la
nieta de Gelman había dado sus frutos, una mezcla de alegría y sorpresa
generalizada recorrió todo el país. Con excepción de las personas que
estuvieron directamente involucradas en la búsqueda, nadie tenía la más
mínima sospecha de que este desenlace pudiera ocurrir en estos días.
Alegría por todo lo que supone desde el punto de vista humano tanto para
esa joven que encuentra su verdadera identidad como para sus familiares,
que con dolor y angustia la buscaron durante más de 10 años. Alegría
por lo que implica para la sociedad uruguaya el poder descorrer uno de
esos oscuros velos que dolorosamente cubrían este tipo de situaciones.
Pero también estupor, por la oportunidad en que se produce este hecho.
Lamentablemente la alegría y las expectativas que el mismo generan, en
parte, se opacan por tantas preguntas y dudas que permanecen sin
contestar. Preservar la intimidad de la joven parece la actitud más
adecuada, pero ello no puede impedir que los uruguayos conozcamos algunos
hechos que pueden servir para comprender dónde estamos parados con relación
al tema de los detenidos-desaparecidos.
En mayo del año pasado Gelman, inicia su búsqueda en Uruguay, en
base a informaciones que le hacen suponer que su nuera dio a luz en
nuestro país y no en Argentina como él mismo afirmara hasta ese momento.
Esta búsqueda no parecía ser de carácter “privado” por el contrario
fue pública en la medida que optó por solicitar la colaboración del
Estado uruguayo, a través de su propio Presidente. Su demanda, en un año
electoral, estuvo inevitablemente cargada de muchas connotaciones políticas,
generando un clima que no era el más adecuado para resolver estos temas.
Finalmente, ese largo episodio culmina con un duro enfrentamiento
epistolar con el presidente Sanguinetti quien había optado por un
investigación formal, es decir a través de las propias FFAA. Aquí
aparecen dos errores que se deben destacar. Por una parte el uso político
que se hace del tema, tratando de que el mismo incidiera en una instancia
electoral. Por otra, el excesivo formalismo con que Sanguinetti maneja el
tema, eligiendo un camino que inevitablemente llevaría todo a punto
muerto. En honor a la verdad también es necesario decir que el ex
presidente no contaba con la información que existe hoy y que el tono de
la demanda no ayudaba a la búsqueda de soluciones.
Sorpresivamente, luego de que Sanguinetti dejara la presidencia y
Batlle anunciara su voluntad de encontrar alguna solución al tema de los
desaparecidos, aparece la información relevante que permite ubicar a la
joven. ¿Desde cuándo se tenía esa información? Algunos de los
involucrados hablan de “meses”, pero eso qué implica, ¿qué la
información se tenía antes de conocer el resultado electoral y que se
esperó hasta saber si Vázquez sería electo?. ¿Qué la información se
completa después de las elecciones y se espera a que Sanguinetti
transfiera el mando a Batlle? Este dato no es menor y a los uruguayos nos
interesaría saber cómo se manejaron las cosas. Pero las preguntas no
terminan en los hechos pasados, se trasladan al futuro, al qué vendrá en
este tema.
El desenlace del caso Gelman genera dos situaciones diferentes. Por
una parte permite recrear un clima de diálogo entre el gobierno y las
organizaciones de familiares, facilitando la labor que se propone
desarrollar Batlle. Pero por otra parte genera expectativas que pueden
alimentar las posturas más maximalistas de la izquierda. Batlle ha
lanzado algunas ideas para recorrer un camino posible, donde se pueda
llegar a una solución digna aunque no contemple las expectativas de todos
los sectores y para ello busca el imprescindible apoyo de Vázquez. Los
familiares de desaparecidos, hoy lógicamente acicateados por el caso
Gelman, exigen respuestas al cómo, dónde, cuándo y
porqué. Esto significa, simple y llanamente llegar al quiénes.
Aquello que tienen las respuestas a estas preguntas saben muy bien que el
dónde y cuándo termina por identificar a los responsables y no parecen
muy dispuestos a arriesgar en este sentido, dados los antecedentes del
caso Troccoli. En este sentido el único camino que aparece como viable es
el propuesto por la iglesia católica, que permitiría determinar el dónde,
pero no cuándo y quiénes. En definitiva, si el mecanismo propuesto por
Galimbertti se pudiera instrumentar permitiría solucionar lo relevante
del problema, que los familiares sepan dónde se encuentran los restos de
sus seres queridos. En la medida que efectivamente no exista un afán
revisionista esta puede ser la mejor solución.
Esto nos lleva a la otra pata del problema, los militares. Para
mejor ilustrar este aspecto tenemos las declaraciones del señor Manuel
Fernández, hasta el jueves jefe del ESMACO. Ellas ilustran sobre la
permanencia del pensamiento más retrógrado al interior de la institución
castrense que uno espera sea ampliamente minoritario, pero que está allí.
El mismo podría contrastarse con una visión más amplia y comprensiva
del problema, ilustrado por la declaraciones del Gral. retirado Daniel
García. Sobre el principio que a todos une, de sentirse un ejercito
victorioso, que cumplió un rol importante en beneficio del país, estas
dos visiones coexisten en el seno de la institución. La enérgica y rápida
determinación del presidente Batlle de apartar a Fernández de su cargo
fue decisiva para el camino que ha decidido emprender. Hacer valer su
autoridad en este caso era imprescindible, para ubicar -como debe ser- al
poder político sobre el militar.
Finalmente, entiendo que el caso Gelman deberá ser reubicado en el
contexto anterior a su desenlace, tomando de él sus connotaciones
positivas. Por un lado quedarnos con el aspecto humano y la alegría que
para todos los uruguayos supone este final, así como aprovechar el clima
de diálogo y confianza que se crea entre las partes. No debe utilizarse
con fines políticos, ni para generar expectativas fuera de contexto. Por: Juan Carlos Doyenart |
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