relleno.gif (821 bytes) relleno.gif (821 bytes)
Columnas de opinión relleno.gif (821 bytes)


 

CUANDO LA COMUNICACIÓN RINDE SUS FRUTOS


              Resulta muy difícil escapar a la tradición de analizar los primeros 100 días de un gobierno y, en este particular caso, no pienso hacerlo. Este breve lapso se lo conoce como la “luna de miel”, porque allí se deja hacer, la oposición espera y la ciudadanía en general se encuentra expectante por lo que ese nuevo gobierno hará. Los “100 días de Batlle” parece ser la denominación más apropiada en este caso dada la peculiar impronta personal que el nuevo presidente le ha impuesto al gobierno. Las encuestas de opinión pública marcan el primer indicio para considerar este inicio como muy diferente a otros conocidos o recordados. En un país multipartidario (aunque lo sea moderadamente) y donde las preferencias, adhesiones o simpatías partidarias resultan ser muy fuertes, lo común es que en ese primer período los niveles de aprobación vayan poco más allá de ese tercio que voto por este gobierno. Claro que en esta ocasión existió balotage y más de la mitad de la ciudadanía votó por Batlle, pero sin dejar sus preferencias partidarias, de las cuales el P. Colorado obtiene un 32%. También existen los simpatizantes de otras fracciones dentro del partido que no se sienten muy atraídos por quien finalmente gana la elección interna. De todas formas, más allá del nuevo régimen electoral que ayuda a un presidente recién electo en contar con mayores apoyos, en este caso se dan otros factores que hacen a la propia gestión de Batlle.

             Alguien podría pensar que, en realidad, dentro de estos 100 días de gobierno no se han hecho muchas cosas, y seguramente tenga razón. La ley de urgencia recién esta terminando su proceso, las empresas públicas y demás entes autónomos no conocen a sus nuevas autoridades, policías y maestros aún no saben si contarán con los aumentos prometidos y el día jueves tuvimos el primer paro general, justamente festejando estos 100 días. A pesar de ello una clara mayoría apoya la gestión de Jorge Batlle. También se podría decir que estamos en un período de alta conflictividad, que el índice de desempleo trepó al 12% y que el MERCOSUR mantiene todas sus incertidumbres para nosotros. Así mismo, podemos llegar más allá y pensar que en el tema de los detenidos - desaparecidos aún no se concreta una fórmula final y de la posible comisión de “notables” no se conoce su integración y mucho menos sus alcances. Finalmente, podríamos decir que la presidencia de Batlle aparece como un tanto solitaria, sus socios principales de la coalición no asumen protagonismo pero miran con cierta indisimulada desconfianza algunos de los dichos y hechos del jefe de gobierno. Entonces, ¿por qué estos nivel de aprobación o conformidad tan altos e inusuales?

             Claramente el tema de los desaparecidos nos responde buena parte de esta pregunta. Como el mismo dice, “son otros tiempos” y efectivamente es así, pero el hecho es que los uruguayos vislumbran en esta actitud, y en particular en ese tema, un cambio de estilo. Ello no supone una crítica a los anteriores gobiernos, aunque algunos así lo tomen, diría que más bien es una especie de constatación del estado de la opinión pública. El estilo Batlle, informal, abierto y hasta cierto punto “alegre”, con un discurso llano y directo, parecen conferirle a su alto cargo un rasgo “humano” que la gente sabe apreciar. Este rasgo humanitario se corporiza en el tema de los desaparecidos, y en el manejo personal que Batlle ha hecho del mismo. Luego de un largo tiempo donde el discurso de los gobernantes sólo versaba en temas económicos, manejando cifras, resultados, ajustes fiscales y confrontación de modelos de crecimiento, el hecho que un presidente coloque como punto central de su agenda el tema de los derechos humanos evidentemente despierta fuertes corrientes de simpatía. Luego de un largo período de confrontación entre gobierno y oposición, el manejar fórmulas consensuadas en un aspecto tan delicado, así como el descorrer algunos velos en un tema prácticamente tabú, propician credibilidad y regenerar ciertos grados de confianza en el discurso oficial.

             Pero el tema de los desaparecidos no es el único, aunque sí el más importante. También Batlle abre otras de la puertas que más preocupación y desconfianza generaban entre los uruguayos. Desde el primer día habla de terminar con “los curros”, de iniciar un gobierno de austeridad, donde el ejemplo comienza “por casa”, con algún ministro que plantea iniciar procesos de despolitización y terminar con el clientelismo. Reconozcamos que los uruguayos no estamos acostumbrados a que se no hable de esa forma desde el propio gobierno, por el contrario estas son acusaciones que siempre parten de la oposición y que, más allá de su grado de veracidad, la mayoría de la gente tiende a creer que “los de arriba” siempre se acomodan. La tranquilidad y mesura con que aborda el paro general del último jueves, es otro ejemplo. No asume una postura airada por las pérdidas que dicha medida ocasionan al país y a los empresarios, por el contrario se muestra preocupado por el daño que puedan ocasionar en el movimiento sindical. En alguna medida, el éxito de Batlle radica en un estilo comunicacional que “desoficializa” su discurso, que no es confrontacional y que transmite confianza y credibilidad en sus dichos. Ello es tan así, que hoy la oposición se encuentra desubicada, incómoda, sin saber cómo manejarse. Los sectores radicales asumen el protagonismo y complican aún más el panorama de la izquierda.

             Pero a no olvidar que ahora empiezan los próximos 100 días y otros muchos más. Que esta luna de miel muy bien ganada por Batlle no cuenta con mucho tiempo, el paro del jueves así lo muestra. El tratamiento del presupuesto pondrá sobre la mesa los aspectos muy ríspidos, la visión liberal de Batlle se verá enfrentada con un sindicalismo radical y una oposición política que espera ese momento para salir de la incomoda situación en que hoy Batlle la ha colocado. Dados los anuncios del gobierno en materia económica, son todos temas de fuerte confrontación con el 40% del parlamento y la dirigencia sindical. Por otra parte, temo que las expectativas en el tema desaparecidos van en direcciones divergentes, lo cual puede generar una nueva área de confrontación.


Por: Juan Carlos Doyenart
Publicadas en El Observador - 10 de junio de 2000


Volver a la página de opinión