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| Columnas de opinión | ||
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ABRIENDO LOS PARAGUAS Siempre que llovió paró, afirma el dicho popular y sobre esta base los uruguayos hemos decidido esperar el regreso del sol. Lógicamente, como todo factor climático no depende de nosotros. Para empezar depende de los gobiernos, esos mismos gobiernos que tozudamente han mantenido políticas “neoliberales” cuyo principal fin es hacer llover. También depende de los gobiernos vecinos, de la comunidad europea, de los países petroleros, de los EEUU y de los mercados financieros de capitales. Por lo tanto, ante tanta dependencia, tanta pequeñez y tanta tozudez neoliberal, solo nos queda protegernos del mal tiempo recurriendo a esa innumerable variedad de paraguas que somos capaces de crear los uruguayos. Porque de eso sí sabemos. El mal tiempo es el tiempo de los proteccionistas. Esos señores que cuentan con un inagotable repertorio de leyes, decretos, ordenanzas y otra serie de burocrateces creadas con el único fin de proteger. Por las dudas, el senador Mujica se encuentra abocado a la formación de un nuevo frente, el “Frente Social de Resistencia”, que como muy bien él dice es un frente “pluriclasista” donde irán a parar todos aquellos que tengan algo que aportar en materia de proteccionismo. También, con muy buen tino, el senador advierte que un frente pluriclasista estará lleno de contradicciones, seguramente porque cada vez que protegemos a un sector desprotegemos a otros. De todas formas este nuevo frente (que no sustituye al actual, porque el actual será su propio fermento) viene muy bien para reforzar a un parlamento que a veces titubea antes de votar una nueva ley proteccionista. Pero no vayamos a creer que nada se hace en este sentido. Por ejemplo, tenemos al pequeño comercio establecido duramente golpeado por la crisis. Ese comercio que siempre vivió con costos muy altos los cuales se trasladaban a los precios. Con una oferta reducida, inadecuada, un mal servicio y precios altos igual obtenían ganancias. Se terminó y ello no es producto de esta lluvia recesiva, es más de fondo. Si bien no encontramos soluciones para todos, los almaceneros tendrán su paraguas ante el avance multinacional de los supermercados. ¿Qué hicimos? Lo de siempre: una ley. La misma regula el establecimiento de nuevos emprendimientos, tratando de desmotivarlos. Según esta “ley paraguas” en cada departamento para abrir un supermercado con más de 300 m2 (¡gigante!) se deberá demostrar que ello no tiene un impacto negativo sobre la viabilidad de los comercios del ramo ya establecidos. Un grupo de ciudadanos en representación del gobierno, la intendencia, y de los consumidores, establecerá si ese nuevo emprendimiento hará peligrar o no la sobrevivencia de los almacenes, panaderías, verdulerías o carnicerías. Dentro de ese paraguas podremos sobrevivir con un mal servicio, poca variedad de productos y precios altos. Pero no se vayan a creer que esta ley será drogada el día que pare de llover. No, se mantendrá allí al buen criterio de una comisión que discrecionalmente la aplicará. Lamentablemente tenemos por delante el problema de Internet frente a lo cual existirá alguna comisión parlamentaria que estará pensando en el paraguas adecuado para evitar que en el futuro los uruguayos compren masivamente por ese medio, que la globalización neoliberal nos ha impuesto. Nada de libre empresa, nada de incentivos a la inversión, proteger el ingreso familiar del almacenero del barrio parece ser el rumbo elegido, aún antes de la creación del “frente de resistencia”. También estamos haciendo algo por el transporte colectivo de pasajeros, subvencionando empresas que nos brindan un pésimo servicio a precios astronómicos. Pero también vamos a meter al estado a administrar mutualistas, a construir aeropuertos y alguna otra de esas actividades que realiza tan eficientemente. Claro que todo ello en el marco de una reestructura del estado que por el momento se circunscribe a devolver autos caros, terminar con la contratación de personal especializado y disminuir viajes al exterior. Finalmente el efecto más perjudicial de este ciclo recesivo radica en acentuar nuestra cultura de sobrevivencia. Justamente allí, donde está nuestro principal problema. Los uruguayos nos negamos a entender que el mundo a cambiado, qué hace tiempo que está funcionando sobre otros parámetros, que la revolución tecnológica ha cambiado radicalmente las formas de generación de riquezas y que ya no se sobrevive, simplemente se crece o se muere. Quizás en algún momento deje de llover, y mejoremos algunos indicadores. Pero la recesión habrá dejado sus huellas y en la próxima vuelta de tuerca las cosas serán aún peores. De ninguna forma me niego a los planes de emergencia, pero ello deben ser acompasados con decisiones de fondo sobre varios temas pendientes de nuestra incipiente reforma económica. Claro que hay que buscar paliativos para los sectores que son marginados de los procesos productivos, pero estos deben acompañarse de procesos que eviten el incremento de la marginalidad en el futuro. Algunos paraguas pueden ser necesarios pero no para fomentar el quietismo. Buena parte de nuestros problemas no son coyunturales, producto de un mal clima, son estructurales. Las crisis pasan, los bloqueos estructurales permanecen y facilitan nuevas crisis. El presidente Batlle ha lanzado varios temas sobre la mesa: apostar a la sociedad de la información, diversificar la producción, diversificar los mercados, desmonopolizar y desregular. A lo cual agregaría: reformular totalmente el estado, incentivar los procesos de reconversión productiva y realizar una profunda reforma de nuestro sistema educativo. Cuando hablamos de globalización o de nueva economía, estamos hablando de un mundo plagado de incertidumbres donde se deben asumir riesgos, apelando la creatividad y la autoconfianza, no a los paraguas. Por: Juan Carlos Doyenart |
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