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| Columnas de opinión | ||
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ALENTADOR Muchas veces, quizás demasiadas, desde esta columna he realizado críticas a la gestión de gobierno y a algunas actitudes asumidas por la oposición. Por lo cual resulta grato cuando es posible opinar sobre hechos o dichos que resultan alentadores, principalmente en la difícil coyuntura que atraviesa nuestro país. En particular, estoy pensando en algunas medidas de este gobierno que fueron elevadas para la aprobación parlamentaria en la ley de presupuesto y en las declaraciones del líder frentista, Tabaré Vázquez, en el último plenario de su partido. Luego de la “luna de miel” que todo gobierno tiene y que éste ha sabido aprovechar mejor, se han escuchado muchas críticas sobre la necesidad de tomar medidas más de fondo, que trascienden la coyuntura y que hacen a una reforma indispensable en el aparato estatal y a la excesiva regulación de los mercados por parte del estado. Del primer punto todavía tenemos poco que decir, pero en materia de desregulaciones la ley presupuestal señala un camino adecuado, a tono con los desafíos que tiene el país. El viejo estado paternalista e hiperregulador todavía goza de buena salud, pero de quien no se puede decir lo mismo es del propio país. La derogación de una serie de leyes y decretos que respondían a las realidades de otro Uruguay y de otro mundo, donde el estado intervenía regulando todas y cada una de las actividades que consideraba estratégicas y socialmente prioritarias resulta un paso sumamente alentador, donde el gobierno cumple con parte de sus compromisos preelectorales. Seguramente que las prioridades y las áreas estratégicas de los años 50 y 60 han cambiado y que hoy por hoy ya no es necesario (si alguna vez lo fue) regular el horario de las farmacias, por poner uno de los ejemplos más notorios. Según el presidente Batlle el tema pasa más por desregular que privatizar. Afirma el Presidente que vender muchas veces de nada sirve, pero desregular resulta imperioso. Posiblemente tenga razón, siempre que no se plantee ambos aspectos como contradictorios. Es claro que de estas herramientas no se puede hacer una religión, pero para lograr el desarrollo en determinadas áreas, la propiedad estatal es un factor inhibidor y la inclusión de capitales privados, así como de nuevas tecnologías resultan claves. De todas formas, lo del título, el avanzar en materia de desregulacionas resulta muy alentador. El otro tema hace a la postura de la oposición. El mensaje de Vázquez a la dirigencia del FA marca un tono y contenidos diferenciales con anteriores intervenciones. Ya no se habla de “hacer temblar las raíces”, del neoliberalimo depredador, ni “de sacarle al que tiene más para darle al que tiene menos”. Vázquez habla de una “actualización de ideas”, pero ya no de un modelo alternativo a la globalización y a la sociedad individualista. Por el contrario reconoce la existencia de un mercado y que la libre competencia de ese mercado es clave. Reconoce la necesidad de la realización personal de los individuos y que la justicia social supone el crecimiento económico. De Perogrullo, pero no tanto si hablamos de quien representa al 40% del electorado y que hasta hoy no había expresado estas ideas liberales con tanta claridad. Por el contrario, el discurso y el accionar de la izquierda parecía atrapado en ideas y concepciones del pasado de espaldas a todas las cosas que han ocurrido y están ocurriendo en el mundo. La izquierda uruguaya aparecía atrapada por una visión colectivista y socializante, donde el rol estado mantenía los viejos vicios de décadas atrás, ubicándose como el actor privilegiado para alcanzar “el bien colectivo”. Un maniqueísmo esquematizador entre lo público y lo privado estuvo siempre presente en sus discursos y actitudes parlamentarias. Muchas veces el mercado parecía no existir y siempre predominaba la idea redistributiva sobre las posibilidades reales de la economía del país. Creo que el fenómeno es finalmente cultural, en el imaginario de una izquierda que no podía realizar el tránsito hacia la sociedad actual, atrapada en el pasado, sin asumir cabalmente el fin de todo un modelo que orientó durante años todo su pensamiento. Por ello, el mensaje de su líder, que no fue realizado en una tribuna para su electorado sino para la dirigencia de su partido, puede marcar un punto de inflexión muy importante. Porque en la medida que mantenga su planteo y que logre arrastrar a la mayoría de los sectores que conforman la coalición en ese sentido, podremos alentar la esperanza de que la izquierda se siente a la mesa de quienes piensen el Uruguay de futuro. En esencia el discurso de Vázquez marca un quiebre y un avance incuestionables, poniendo sobre la mesa temas que para la izquierda parecían tabú, como la necesidad de analizar sin esquematismos la relación entre público y privado que según Vázquez es una idea más compleja a la que tradicionalmente ellos manejaban. El reconocimiento del derecho de los individuos a gozar de bienes materiales rompe con aquel discurso sobre la sociedad de consumo, individualista y egoísta, ubicándose en un término mucho más razonable. También resulta clave el rechazo a los planteaos corporativistas, a los cuales la izquierda ha estado atada. Pero quizás lo más importante radica en reconocer que la justicia social va de la mano con el crecimiento económico y que este requiere de mercados competitivos. Con ello hecha por tierra ese discurso maniqueo de la “opción por lo pobres” donde el mundo termina divido entre buenos y malos, donde el problema de la generación de riquezas no es tal y sólo se requiere sacarle a los malos para darle a los buenos. No tengo claro hasta que punto esta línea de pensamiento, que en el pasado significó la exclusión de los sectores que desde la izquierda intentaron expresarla, pueda convertirse en una nueva orientación del E. P. pero debemos reconocer que abre una expectativa alentadora sobre el papel que esta izquierda pueda jugar en el país. Por: Juan Carlos Doyenart |
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