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| Columnas de opinión | ||
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DE PROA AL 2004 Las sorprendentes declaraciones de Tabaré Vázquez ante el plenario del Frente Amplio seguramente no fueron una anécdota más de su basto repertorio, por el contrario parecen marcar un nuevo rumbo en el discurso del líder de la izquierda uruguaya. Pero tampoco haríamos justicia a la importancia de estas afirmaciones si las dejáramos en el terreno del discurso. Van más allá, respondiendo a una estrategia cuya meta central radica en alcanzar la presidencia de la República. Si miramos el entorno de este discurso (el antes y después) resulta más claro comprender que los alcances que se pretende dar a esa nueva visión sobre la situación del país y del mundo. El antes comienza la propia noche del 31 de octubre del año pasado, cuando el E. Progresista surge como la primera fuerza política del país y Vázquez pasa a competir mano a mano con Jorge Batlle por la presidencia. El Vázquez de esa noche es amplio, conciliador y convocante. Luego viene ese cortísimo trecho hasta el 28 de noviembre donde desaparecen los Olesker y surgen los Cancela y los Astori. La apuesta ya no era descalificadora, sino que suponía convencer a los blancos que votaron por Lacalle que desoyeran a sus dirigentes y votaran por él. Hubo mucha improvisación o una planificación previa errónea. Reconvertirse en pocos días, casi en horas, de una fuerza contestataria, acusadora en una propuesta moderada y creíble no era fácil tarea o presuponía una planificación previa muy bien pensada. No ocurrió así y ante el apresuramiento de tiempos tan perentorios se cometieron muchos errores, se cayó en muchas contradicciones y se terminó dando una imagen de poca credibilidad para que los indecisos le dieran la facultad de gobernar el país. Luego en más, Vázquez supo leer los resultados del 28 de noviembre, descartó las interpretaciones triunfalistas, que le pedían continuar por el mismo camino y que el simple crecimiento vegetativo le daría el triunfo en el 2004 o en el 2009. Para empezar, seguramente Vázquez no esté dispuesto a ganar en el cuarto o quinto intento, la tercera será la vencida y hacia allí comenzó a navegar. Su lectura de la realidad política y social del país le indica que su perfil opositor de fuerza contestaria y de única alternativa ante los últimos 20 años de gobiernos blancos y colorados es el E. Progresista está asegurado por un tiempo. Comprendió que el plus que requiere para superar el 50% en una segunda vuelta está en un cambio de imagen, en trasmitir la idea que la única alternativa es confiable y capaz de gobernar el país con buen tino. Al igual que Sanguinetti, se imagina que en noviembre del 2004 ellos serán los dos contendores. Por lo cual tendrá frente a él a un duro adversario, con dos experiencias de gobierno y una imagen de estadista consolidada. Conoce al ex presidente, sabe que golpea duro y, principalmente, que es un buen convocante del “voto seguro”. En el imaginario de Vázquez está ese votante blanco del interior del país, que nuevamente será clave al momento de decidir en la segunda vuelta. Un votante nacionalista que para votar contra los colorados demanda una alternativa confiable, que le trasmita tanto o más que Sanguinetti un gobierno “seguro”. Sobre esa lectura Vázquez emprende el nuevo rumbo. Comienza con un gesto muy claro colaborando con Batlle para encausar el tema de los desaparecidos. Moderando su discurso en temas urticantes pero sin perder su postura opositora en materia económica. Despegándose de los sectores radicales que vuelven a promover un plebiscito por el No y consolidando posiciones al interior del FA cuando logra colocar a un hombre de su confianza en la conducción del PS. Todas estas movidas son previas a su discurso en el plenario de la coalición. Ahora llega la etapa de consolidar este nuevo discurso en la interna frentista sabedor que no existirán consensos pero si mayorías claras que lo habiliten en el futuro. Las posturas disonantes de años anteriores, provenientes del grupo de Astori y del Gral. Seregni quedarán neutralizadas, así como el posible surgimiento de Arana como contendor a la interna. Con los sectores radicales serán otro cantar, no sencillo, pero manejable. Estos sectores no darán la lucha ideológica y mucho menos pensarán en abandonar el Frente. Se refugiarán en el movimiento sindical donde cuentan con bases más fuertes y entablarán la guerra de guerrillas. Esto Vázquez lo tiene claro y por ello comienza a marcar distancia de los “intereses corporativos”, elemento clave de su nuevo discurso. Lógicamente no irá al enfrentamiento con los sindicalistas que responden a la línea más radical del Frente, simplemente marca su distancia, su independencia, tratando de que el E. Progresista no pague los costos de sus “locuras”. Para Vázquez no habrá otro Hospital Filtro. Claramente el líder frentista se propone poner en orden la casa, fijar nuevas bases para la reconstrucción de su imagen con tiempo suficiente. Esto lo deja muy claro en su discurso ante el plenario: las imágenes no se construyen en las campañas electorales, sino que mucho antes. No más a las improvisaciones, el proyecto de vestir a la izquierda con el ropaje de la social democracia europea no es sencillo pero sí viable. La propuesta socialdemócrata condice con los uruguayos, emparentarse con los líderes europeos le confiere otra dimensión a su personalidad, apropiarse de algunos términos utilizados por sus “enemigos de clase” decorándolos con “justicia social” humaniza un discurso más acorde con las nuevas realidades. Vázquez puso proa hacia noviembre del 2004 y lo está haciendo muy bien. Blancos como colorados deberán ser concientes de este hecho. Si mantienen las aspiraciones de seguir en el gobierno deberán, al igual que Vázquez, replantear su estrategia, abandonar definitivamente algunas prácticas y pensar con mayor perspectiva de futuro. De no ser así, la carrera ya se las ganó Vázquez. Por: Juan Carlos Doyenart |
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