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EL VIEJO URUGUAY, VIVE Y LUCHA


           Días atrás, casi por azar, llegó a mis manos un programa oficial de literatura para 5º año de secundaria. Mi asombro fue muy grande cuando leí los objetivos para este curso, pero fue total cuando llegué a los medios para cumplir estos objetivos. Textualmente, los objetivos rezan: “..Se orientan hacia una triple meta, de sencilla formulación, pero ímprobo logro”: a)Despertar el interés por la lectura, hoy socavado por los embates de un medio saturado por la comunicación audiovisual....”. Es decir que en 5º año secundario, a sólo dos de finalizar el ciclo y otorgarse un diploma que le permite ingresar al nivel de universitario, se propenderá a iniciar al joven en el interés por la lectura. Sinceramente creí que ese objetivo respondía a los últimos años de primaria o al inicio del ciclo secundario, no a su finalización. Pero para colmo de males, el camino elegido para tan noble propósito se devela inmediatamente, los autores o libros que, entre otros, propiciaran el gusto de un joven de 15 o 17 años por la lectura son, según el programa: Homero, Virgilio, Lucrecio, Propercio, Tristán, Petrarca o por las dudas: tragedia griega, Goethe, Voltaire, Gogol, Tolstoi (etc).

             Casi podríamos decir que fines y medios de este programa oficial serían los mismos de 40 años atrás, si no fuera por el nuevo enemigo de la lectura contra el cual los profesores de secundaria deberán luchar: el complejo multimedia. Frente a tan poderoso y deleznable enemigo, la Iliada parece ser la herramienta más apta que han encontrado para atraer la atención, el gusto y el deleite por los libros, despreciando toda la basura norteamericana o porteña que nos traen los enlatados de la televisión. No les envidio la tarea, quizás por ello, en los objetivos, se utilice el término de improbable, ya que nadie cree que ello sea posible, es simplemente una utopía o una expresión de deseo. Algunos políticos se han molestado por los programas de historia o por cómo se enfoca la educación sexual, pero nadie dice nada sobre la obsolescencia de la gran mayoría de los programas de secundaria y seguramente de primaria. Nadie dice nada, a quienes elaboran (¿o repiten?) estos programas que son obligatorios para todos los uruguayos que quieran culminar el ciclo secundario, sin importar que concurran a un establecimiento estatal o privado.

             Es el anti progreso, no es un problema de subdesarrollo presupuestal, es otro tipo de subdesarrollo, el del viejo Uruguay que se niega a cambiar. Lo particular del hoy radica en que nuestro mundo, como nunca, se basa en el conocimiento, donde el principal factor de competitividad de una empresa o de un país radica principalmente en la capacidad intelectual de su gente. Hoy, el conocimiento resulta el factor más versátil y dinámico, convirtiéndose en la principal fuente de generación de riqueza y su control o monopolio por parte de los países más desarrollados está gestando una nueva forma de relacionamiento internacional. La transición cultural está operando sobre los factores enlentecedores del desarrollo, y la educación es uno de ellos. Se debe tender hacia una educación más diversificada, menos masificada, que ofrece innumerables alternativas, las nuevas tecnologías multimedias exigen todo un replanteo de la educación, no que el sistema educativo las enfrente.

       Esa visión, que atribuye todos los males a la TV y el complejo multimedia no deja de expresar un pensamiento reaccionario, el cual pierde totalmente de vista los positivos cambios que la nueva era genera en el conjunto de la sociedad. Se queda en sus efectos negativos, que existen, y los dramatiza al punto de ocultar las verdaderas dimensiones del fenómeno. De ninguna manera comparto esta visión apocalíptica, aunque no dejo de percibir los peligros. Creo que la abstracción, la comprensión y la imaginación no sólo se obtienen con la lectura, también se estimulan y desarrollan con la televisión y las redes, sólo que es necesario utilizarlas correctamente, a nuestro favor. Nuestro sistema educativo se universalizó, puso el énfasis central en la igualdad e integración social y ello hay que preservarlo, pero no se actualizó. Hace 40 años éramos ejemplo en el mundo, hoy ya no es así, perdimos “rueda”, no estamos en carrera, en todo ese tiempo nada se ha innovado, simplemente repetimos lo del pasado. Si en esos 40 años nada hubiera pasado en el mundo, muy bien, pero han ocurrido más cambios que en los dos siglos anteriores, por lo cual el sistema educativo uruguayo, otrora orgullo nacional, se debe declarar caduco.  

            El nuevo presidente del Codicen, Javier Bonilla, habla de que su gestión tendrá como nuevo ingrediente la pluralidad. Bienvenida, aunque insuficiente. La pluralidad (asumiendo la generalidad del término) es necesaria en cualquier sistema educativo, pero no es el principal problema del nuestro. La reforma de Rama afirmó su carácter integrador y dejó planteadas algunas “pistas” para la reforma del primer ciclo secundario, así como para un nuevo sistema de formación docente. Para cinco años fue mucho. Pero a partir de allí, se debería iniciar un radical proceso de reforma que nos ponga al día en estos 40 años perdidos. Ello supone una transformación en la propia concepción que se tiene de la educación en el país, del rol que esta debe jugar y de las mejores formas de llevarlo adelante. Para ello, uno de los requisitos es la pluralidad de opiniones, pero fundamentalmente de ideas, de sacudir la modorra, de arriesgar, de innovar. A nivel privado se han ensayado algunas ideas, lógicamente que todas ellas han sido declaradas “no oficiales” y por tanto “inexistentes”. Sin embargo existen y en muchos caso han dado buenos resultados. No estoy pensando sólo en secundaria, pienso que la reforma debe ser integral incluyendo primaria. El sistema vareliano fue exitoso, pero data de 1877. Ya no podemos seguir pensando que es el ciclo para enseñar a leer y escribir. Tampoco solucionaremos nada con enseñar inglés, es el ciclo para abrir la mente de los niños ante las innumerables opciones del mundo del mañana. Es de esperar que las nuevas autoridades de la enseñanza trasciendan el rol de administradores.

Por: Juan Carlos Doyenart
Publicadas en El Observador - 11 de noviembre de 2000


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