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LUJOS QUE NO PODEMOS DARNOS


Días atrás una calificadora de riesgo, publica un informe sobre las perspectivas económicas en Uruguay a partir del próximo gobierno. Dicha consultora opina que en el caso de ganar el E. Progresista no se producirán cambios en la política económica actual, pudiendo existir un mayor énfasis en la aplicación de políticas sociales lo cual redundaría en beneficio de la economía del país en la medida que se potenciaría su capital humano. Afirmaciones similares también se han realizado dentro de nuestro medio, y quizás ellas inspiren a la consultora norteamericana. Estas opiniones siempre me han causado mucho asombro, porque en alguna medida parecen desconocer buena parte de nuestra realidad. Creo que ese tipo de afirmaciones pecan de cierta liviandad, se manejan en función de aspectos laterales y no llegan al fondo del problema. Porque sin lugar a dudas ni aquí, ni en casi ninguna parte del globo, están en discusión ciertos aspectos básicos de la economía.

 

Ya no se levantan las viejas antinomias entre capitalismo y socialismo, o libre mercado y economía planificada, como tampoco se habla de economías cerradas o de estatizaciones, no se discute sobre la vigencia del sistema democrático, la propiedad privada o tantas otras cosas que fueron el eje de la confrontación ideológica e incluso programática de 30 años atrás. Es más ya no se discute sobre la emisión o no de dinero o la creación artificial de puestos de trabajo, las devaluaciones son mala palabra. Pero ello no quiere decir, que todos compartan estos principios o que todos tengan el mismo horizonte para el país. No deja de ser positivo que todas estas cosas hoy estén fuera de la discusión, porque de alguna forma habilitan a la definición de proyectos nacionales viables en base a ciertos consensos. Sin embargo, en nuestro caso estos consensos básicos parecen estar muy lejos y quienes predominan hoy en la izquierda frentista nos han demostrado en varias oportunidades que no están capacitados para asumir el gobierno del país en esta etapa. Porque de ello se trata, de la etapa que vive el país, de las cosas que se requieren hacer para su inserción competitiva en este mundo globalizado y de quiénes hoy pueden realmente llevarlas adelante. Siempre he defendido la necesidad de nuestro sistema en incorporar a la izquierda y de que esta pudiera participar en una coalición de gobierno. Sin duda ello sería muy positivo para la afirmación del sistema, pero para ello se requiere que la izquierda este dispuesta y que el país se pueda dar ese lujo. Hoy no se dan ninguna de las dos condiciones.

 

El Uruguay se encuentra a mitad del camino de las transformaciones económicas políticas y sociales que se requieren. Comenzamos tarde y hemos optado por un proceso gradual, el país mantiene muchas de sus rigideces y de su vulnerabilidad estructural. La transformación del aparato estatal recién se inicia, el tema de las empresas públicas continúa sin resolver, la reconversión productiva es aún muy tímida, las rigideces laborales se mantienen en buena medida, los consensos sociales no existen y todavía predomina la vieja cultura del estado benefactor. El país se ha modernizado y avanzado en muchas áreas, pero reconozcamos que estamos a mitad de camino y que en ciertas cuestiones puede existir un retorno al pasado.

 

Ante esta situación sería un lujo que el país no podría darse el contar con un gobierno que todavía no ha asumido las nuevas realidades y desafíos de este mundo. Cuando oímos al Ec. Olesker, probable ministro de economía del EP, hablar de planificación orientadora, de las negociaciones colectivas en el marco de la lucha de clases, o cuando leemos sus afirmaciones en pos de un proyecto "globalizador popular" tendiente a enfrentar el capitalismo liberal, donde la "acción unitaria" de los sectores "explotados" se hará con el control de los medios de producción ", no podemos dejar de preocuparnos. Esto no es el "cuco" del comunismo, es simplemente el miedo de "las tonterías al poder". El miedo a los voluntarismos populistas, con añoranzas marxistas, de quienes quieren reubicar ideas y prácticas que demostraron no sólo su total inoperancia sino todo su horror.

 

Pero la incapacidad de la izquierda para gobernar no se explica sólo por las ideas perimidas de este señor, sino por la irresponsabilidad demostrada en varias cuestiones no menores. Cuando lanzan su plan de emergencia, muestran un total desconocimiento del funcionamiento real de un gobierno, reconocen que para su propuesta de reformular el gasto público no cuentan con información, que en realidad no saben como funciona, pero igual lo proponen como eje central de su plan. Que el novel economista Nin Novoa hable de aplicar cambios diferenciales sin pensar en sus consecuencias, también apunta en el mismo sentido de la irresponsabilidad. Y aquí subyace otro gran tema para quienes afirman que nada cambiará si gana el EP. Se olvidan que los procesos económicos tienen vida propia y que si se cometen errores pueden generarse procesos no buscados, como la devaluación, la fuga de capitales o la disminución de la inversión. Porque en un mundo tan competitivo, cualquier señal confusa o error de cálculo genera consecuencias negativas inmediatas. Y en materia de señales confusas o errores de cálculo el EP se especializa.

 

Por si todo esto fuera poco, en el campo político la izquierda ha demostrado su menosprecio del sistema democrático representativo. Se ha desvalorizado permanentemente al parlamento, se ha insistido en las consultas directas y se ha demostrado su incapacidad o falta de voluntad para acordar temas de gobierno. Todo ello sólo puede suponer dos cosas: un gobierno inestable políticamente o un gobierno autoritario. Ambas cosas poco deseables para quien aspira a competir por capitales de inversión. Lamentablemente sólo pude enumerar unos pocos aspectos que me confirman el error de quienes menosprecian los daños que puede causar un gobierno del EP. La izquierda uruguaya no ha recorrido el camino de sus pares en otras latitudes. Los planteos del Gral Seregni no tienen eco y la visión de Astori no tiene votos. Hoy es el tiempo de los Olesker.


Por: Juan Carlos Doyenart
Publicadas en El Observador - 02 de octubre de 1999