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| Columnas de opinión | ||
PORQUE LOS BLANCOS SON... "ASÍ" "Los blancos somos así.." resulta una especie de explicación que muchos dirigentes nacionalistas utilizan para explicar comportamientos inexplicables. Lógicamente para la gran mayoría de los uruguayos esta excusa nos resulta muy poco clara, por más pintoresca que sea. De todas formas se ha convertido en un aceptado expediente para dejar las cosas por allí, sin más explicaciones, aceptando esa particular forma de ser blanco. El cause que ha seguido la interna nacionalista, en lo previo y posterior al 25 de abril reflejan con claridad de esa particular cultura de hacer política que sólo puede explicarse recurriendo a la conocida fórmula. Porque de no ser así sólo podría pensarse en una especie de autocastigo que el P. Nacional hubiera decidido infligirse. Todas y cada una de las acciones de los diferentes sectores nacionalistas desde mediados del año anterior a la fecha han apuntado hacia su exclusión de la competencia electoral del mes de noviembre. Resulta muy difícil encontrar en la historia política de nuestro país un cúmulo de errores, autodestructivos, como los cometidos por el P. Nacional en estos últimos meses.
Cuando las elecciones de noviembre del 94 marcaron la total paridad entre las tres principales fuerzas políticas nadie dudó del fin del bipartidismo, ya largamente anunciado desde que en el año 71 surge la coalición de izquierdas. De allí en más, tampoco se dudó de la necesidad de gobernar bajo un esquema de coalición, que generar la estabilidad política necesaria para un país que requería de transformaciones postergadas e imprescindibles para sobrevivir en un mundo altamente competitivo dominado por los mercados financieros. La capacidad negociadora del presidente electo, Jualio Ma. Sanguinettii, pero principalmente la madurez demostrada por el P. Nacional hicieron posible esta coalición de gobierno que llevó adelante varias de las reformas económicas ya planteadas durante el anterior gobierno. Durante este período el P. Nacional, actuó inequívocamente como un Partido, se manejó con sus autoridades partidarias, a partir del liderazgo del Dr. Volonté que fuera el candidato triunfante de la interna blanca. Todos los sectores nacionalistas se alinearon en esta estrategia y la mantuvieron durante cuatro años, incluso al día de hoy quedando sólo cuatro meses para las elecciones, la coalición se sostiene. Todo parecía indicar que nuestro sistema de partidos se encontraba maduro para afrontar una nueva etapa que requería de partidos más modernos, fuertes y que actuaran como tales. De allí que el cambio en las reglas de juego electorales, aprobadas con la reforma constitucional del 96, apuntaba a esa nueva realidad.
Sin embargo, estas nuevas reglas de juego parecen haber generado un primer efecto negativo sobre el P. Nacional que no supo o no pudo manejar la instancia interna. A diferencia de colorados y frentistas, la interna blanca desató una conflictividad que generó fracturas difíciles de manejar al momento de enfrentar una elección interpartidaria con candidatura única. Si bien la convención nacionalista del fin de semana anterior logra consensos para el directorio y la candidatura a la vice presidencia, no logra en cambio trasmitir la idea de unidad partidaria. A pesar de que el candidato a la vice proviene de filas ramiristas, éstos no se siente comprometidos con la fórmula. En realidad la segunda mayoría surgida de las internas, que llevara a Ramírez como candidato, es una especie de coalición integrada por distintos sectores que hoy tienen diferentes expectativas con respecto a la elección de octubre y al propio Partido. La no presencia de Ramírez en la próxima instancia transfiere inevitablemente el liderazgo a Larrañaga quien centra sus expectativas en la banca senaturial trasmitiendo una imagen de independencia con relación a Lacalle, aunque no de confrontación. Por su parte los integrantes de Desafío Nacional mantiene su actitud beligerante con el candidato único, sin señales de que esto pueda cambiar.
La situación electoral del P. Nacional aparece altamente comprometida, ya no para llegar a noviembre, sino incluso en el peso que pueda tener en el próximo parlamento. Un claro indicador de ello radica en la no comparecencia electoral de por lo menos dos de los tres líderes que compitieron con Lacalle en la interna. Si Volonté tampoco encabezara su lista al senado la soledad de Lacalle sería casi total, generándose una imagen de hegemonía herrerista con muy poco atractivo electoral para otros sectores nacionalistas. En este aspecto el ex presidente parece haber priorizado el control partidario al bregar por un buen resultado electoral en octubre.
Pero existe otro factor de preocupación que va más allá de la propia interna blanca, aunque se genere en ella y que refiere a la posibilidad de estructurar una nueva coalición de gobierno en marzo del 2000. Hoy el escenario más probable está dado por un gobierno colorado que deberá construir sus mayorías con el P. Nacional, al igual que ocurrió en este período. Sin embargo hoy entre los blancos predominan las posturas no coalicionistas dado por el poco peso electoral de Manos a la Obra, el discurso anti coalición de Larrañaga y el poco entusiasmo que el herrerismo siempre puso ella. Lacalle nunca estuvo consustanciado con la idea de coalición, prefiriendo los acuerdos puntuales en el parlamento, más bien se vio forzado a integrarla dada la correlación de fuerzas existente en ese momento. Su visión en este aspecto siempre se inclinó hacia los tradicionales acuerdos entre blancos y colorados. Por otra parte, un mal resultado electoral del P. Nacional inevitablemente generara, entre las variadas explicaciones, el hecho de haber integrado una coalición con los colorados lo cual le quita identidad al partido. De confirmarse esta hipótesis, las dificultades para un gobierno de coalición serán muchas, lo cual supone un importante retroceso para la estabilidad política que parece haber alcanzado el país. Por: Juan Carlos Doyenart |
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