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| Columnas de opinión | ||
LOS ECOS DEL DOMINGO 28 El domingo 28 se plebiscitó el camino que debíamos recorrer en los primeros años del siglo XXI. Lógicamente no toda la ciudadanía lo entendía de esta forma y algunos votaron por ciertas tradiciones, por simpatías partidarias o personales. Pero de cualquier forma, aún sin pretenderlo, una mitad (la mayor) apostó por "más de lo mismo" y la otra por frenar el proceso de transformaciones y emprender un imposible viaje al pasado. El resultado, que coloca al Dr. Jorge Batlle en la Presidencia de la República, supone el continuismo, término desagradable pero que describe muy bien la situación. Sin olvidar que el cambio de personas genera ritmos y condicionantes diferentes, que en definitiva Batlle no es Sanguinetti, inequívocamente hemos apostado mayoritariamente a la estabilidad, la austeridad en el gasto público, la modernización del país, la reforma del estado, la mejora de nuestra infraestructura vial, la reconversión productiva, el crecimiento de las exportaciones, los avances en materia energética y de las telecomunicaciones, así como por el mantenimiento de una distribución del ingreso equitativa. El 28 triunfó la visión optimista, de mirar hacia delante y apostar a qué realmente podemos, contra la otra visión de un país estancado, empobrecido, dominado por el clientelismo y la corrupción, donde el dinero fluye hacia unos pocos en desmedro del empobrecimiento de las grandes masas.
Efectivamente, estas dos visiones del Uruguay, que parecen hablarnos de dos países distintos, fueron plebiscitadas el fin de semana pasado. Pero ello no quiere decir que finalmente una visión triunfó sobre la otra, sólo quiere decir que en los próximos cinco años se mantendrá el actual modelo de desarrollo, pero las dos visiones subsisten y dividen el país en dos mitades. Sin lugar a dudas que una de estas dos visiones está equivocada, nos trasmite una realidad que no es tal, aunque ambas puedan contener parte de esa verdad. En lo personal comparto la visión optimista, pero no dejo de ver algunos problemas reflejados en la otra versión del país. Quizás si el panorama que nos pintan no fuera tan dramatizado y tan condimentado de viejos slogans podríamos llegara a acordar ciertas cosas. Posiblemente luego de este largo periplo electoral, que nos lleva a una realidad política distinta, todos podamos madurar ciertas ideas y comenzar a comprender aquellas realidades que nos muestran importantes logros y nuevos problemas a resolver.
El domingo 28 hubo ganadores y perdedores, como inevitablemente ocurre en cualquier elección, pero aquí aparecen elementos distintos que deberemos considerar para el futuro. En primer lugar, triunfó el sistema de partidos, ante una prueba muy dura para las fidelidades partidarias como lo es el balotage. Los partidos que quedan excluidos de la segunda vuelta no sólo deben asumir el bajo respaldo de la primera instancia sino el riesgo de la perdida de las fidelidades partidarias. En esta ocasión, el P. Nacional demostró que ello se puede evitar si se actúa correctamente. Y actuar correctamente significa hacer lo que hicieron los blancos: enfrentar el desafío, jugarse todas las cartas y salir a convencer a sus electores. Con más de un 80% del apoyo nacionalista a la candidatura de Batlle, el directorio del P. Nacional y en particular el Dr. Lacalle, salieron fortalecidos de esta elección, neutralizando en parte el momento de crisis por el atraviesa su partido. La contracara fue la actitud asumida por el N. Espacio. Optaron por no adoptar una posición como partido y su líder creyó fijar posición solamente con decir que el votaba izquierda sin explicitar sus razones y por tanto sin salir a convencer a sus electores. Claramente el votante nuevo espacista, por sus propias características, requería de otro tratamiento de sus dirigentes. Quedaron librados a su propio criterio y a los argumentos que otras fuerzas políticas esgrimieron y finalmente se dividieron entre las dos opciones en partes casi iguales, hiriendo gravemente su fidelidad nuevo espacista. Si mañana Michelini integra el gobierno de Batlle, quienes votaron a Vázquez no lo entenderían y se quedarían definitivamente en el EP, así como otro tanto hubiera ocurrido si el triunfador hubiera sido Vázquez. Lamentablemente, cuando las condiciones y posibilidades de un cuarto espacio eran más claras, sus propios dirigentes las desperdician.
Pero también el 28 de noviembre, el actual Presidente fue premiado. No es fácil que un partido de gobierno, en una situación recesiva vuelva a triunfar y que el sector del Presidente mantenga una importante representación parlamentaria. Así como todos reconocemos rápidamente los famosos votos "castigo" en esta oportunidad se deberá reconocer que existió un voto "respaldo", aunque sin olvidar que Batlle jugó un rol importante para ello.
Finalmente, se puede pensar que el gran derrotado fue el EP y su candidato. Lógicamente que en parte es así, pero si la izquierda logra entender algunas enseñanzas que le deja esta instancia, puede revertir la situación. Si por el contrario repite las actuales fórmulas y se sientan a esperar que algún modelo matemático de proyección electoral les otorgue el triunfo en el 2004 pueden equivocarse. Para empezar es probable que blancos y colorados hayan aprendido de este "susto" e inicien un proceso de cambios y renovación en sus estructuras partidarias. Por otra parte, la izquierda debe comprender que con "olas" emotivas no alcanza para llegar al gobierno, que por lo menos en este país también se requiere demostrar capacidad para gobernar. El discurso de Tabaré Vázquez la noche del 28 mostró a un líder sereno, que se comportó a la altura de las circunstancias, muy diferente de aquel domingo de noviembre del 94. Ello no deja de ser un buen índice, que nos habla a favor de un proceso de maduración imprescindible. Por: Juan Carlos Doyenart |
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