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EL MUNDO DEL REVÉS DE GALEANO


Muchas veces resulta difícil escapar a ese característico estoicismo uruguayo, casi siempre condimentado de cierto masoquismo, por lo cual en mis vacaciones de verano –entre otros libros- incluí la lectura de Galeano. Debo reconocer que personalmente me encuentro entre quienes admiran el estilo literario del autor uruguayo, quién ha sido bendecido por el don de la palabra y que utiliza con mucho éxito para sus fines. Los libros de Galeano, del que este último es un buen ejemplo, tienen la particularidad de combinar el ensayo socio - político con la poesía y la fantasía, todo condimentado con un humor ácido, lo cual confiere a sus productos un cierto encanto y facilidad de lectura que le permite llegar a diversos públicos. Pero sin lugar a dudas, que las obras de Galeano están dirigidas a una izquierda nostálgica que huérfana de las viejas certezas del pasado se aferra a las profecías sobre el fin del mundo.

"Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies" es la frase que mejor representa el contenido de "Patas arriba" título de la última obra de Eduardo Galeano. Allí nos relata su visión del mundo al fin del siglo con su estilo tan característico que deslumbrara en la década del 60 con "Las venas abiertas de A. Latina" y que conservara junto con sus contenidos en estos treinta años. ¿Cuál es este mundo del revés que nos muestra Galeano y que sus seguidores consideran como su nueva Biblia? En realidad lo que allí se nos muestra no es el mundo actual sino una parte del mismo que en un inteligente juego literario se confunde con ciertas realidades del pasado. A través de las páginas de este libro transitan imágenes que nos descubren un mundo plagado de pobreza, desgracias humanas y grandes maldades que nos hacen añorar como idílico el mundo en la edad media. El esquema es muy sencillo, siempre lo ha sido para este autor, en el mundo existe una gran conspiración capitalista con su centro de operaciones en un piso alto de la isla de Mahatan con línea directa en el Vaticano cuyo firme propósito es el enriquecimiento de unos pocos cientos de gordos capitalistas en desmedro de la marginación y hambruna del resto del mundo. Todo lo que ocurre en el mundo se explica por el lucro del capital, son los dueños de los medios de producción que continúan alimentando toda una superestructura para legitimar su poder y seguir explotando al resto de la humanidad.

Ya en el siglo XVIII lord Malthus ilustró sobre el fin de la humanidad, pero su profecía no se cumplió por haber subvalorado la capacidad de la inteligencia del hombre para incrementar su conocimiento y estimular un desarrollo tecnológico que cambiaría la ecuación entre demografía y producción. Sin embargo no es el caso de Galeano, quien no puede ignorar la gran revolución tecnológica de este fin de siglo. En realidad no la ignora, simplemente que la ideologiza ubicando el progreso tecnológico como el arma de las capitalistas para perpetuar su poder. Cibernética, telecomunicaciones, transporte, todo está en función de la concentración del poder y la riqueza, ajeno a los grandes males del resto de la humanidad. En definitiva la vieja visión maniquea del mundo que tanto mal nos hizo, reubicada al fin del siglo, ignorando totalmente los adelantos sociales de estos años. Porque justamente de esto trata la honestidad intelectual de un ensayo que es como se toma este libro de Galeano, el expresar legitimamente ideas opiniones, puntos de vista pero describiendo la realidad completa, no sólo una parte de ella. Así como considero poco ético el describir solamente el esplendor del nuevo mundo digital, pletórico de posibilidades, de crecimiento de las libertades individuales y de un mayor confort sin señalar los costos sociales que esta nueva era nos comienza a imponer, también resulta poco ético ignorar los avances de la humanidad.

En el mundo del revés de Galeano no existen los grandes avances en la medicina, las biotecnologías, la educación y las telecomunicaciones, tampoco existen los procesos de democratización que se han producido en buena parte del mundo, para lo cual recurre a la licencia poética de describir las atrocidades de las dictaduras militares de los años sesenta y setenta como si de alguna forma todavía estuvieran vigentes. Lógicamente, como en toda su obra nunca existieron los regímenes comunistas tampoco existió su caída, en las casi cuatrocientas páginas de su libro sólo existen dos menciones que resultan muy ilustrativas. Una de ellas es su indignación referente a la instalación de la sociedad de consumo en la ex URSS simbolizada por los Mac Donald`s, mientras que la segunda resulta mucho más curiosa para un escritor que siempre denunció las violaciones a los derechos humanos. Esta refiere brevemente a la delirante dictadura de Ceausescu en Rumania, pero no para describir las atrocidades cometidas sino como ejemplo de la "distorsión" de los medios de comunicación que según Galeano "frabricaron" la noticia de la matanza de Timisoara desenterrando cadáveres de un cementerio para ponerlos frente a las cámaras de televisión. Pintoresco, ¿no?.

El problema con estos profetas de la hecatombe final es que poco ayudan en prevenir y solucionar los problemas sociales que realmente existen en el mundo. Sólo alimentan resentimientos, frustrasiones, descreimiento político y marginación socio-cultural. Leyendo "Patas arriba" me pregunto de qué hablará Galeano cuando es invitado a dictar conferencias en nuestros liceos.


Por: Juan Carlos Doyenart
Publicadas en El Observador - 06 de febrero de 1999