![]() |
||
| Columnas de opinión | ||
NO SOLO DE CONFLICTOS SE VIVE Crisis Brasil, recesión de la economía mundial, período electoral y otra serie de calamidades más, hacen que vivamos un período de presiones corporativas como pocas veces ha ocurrido en nuestro país. No hablemos de conflictos sindicales solamente, sino de demandas corporativas donde cada sector de la sociedad ha salido a pelear por su "chacrita" sin una visión de la globalidad del problema y, aún peor, sin importar las consecuencias que sus medidas generen sobre la sociedad en su conjunto. Lógicamente que cada conflicto tiene sus particularidades, pero de alguna forma todos se asientan sobre un substrato común, el cual marca un cambio muy importante en el escenario social y político de nuestro país. Este común denominador pasa por la no comprensión de la etapa que vivimos, de las nuevas características de este mundo globalizado y de la imperiosa necesidad que tiene el país de ser efectivamente competitivo en el concierto internacional, para lo cual requiere de un compromiso social y político amplio capaz de llevar adelante un proyecto común. De este proyecto estamos aún muy lejos, por el contrario padecemos una crisis de explosión de las demandas corporativas en pos de intereses sectoriales. Quizás un buen ejemplo de los tantos, podamos observarlo en la crisis de nuestro sistema de transporte colectivo de pasajeros, que padecemos en estos días. Si bien el conflicto parece restringido a una empresa con su sindicato, más allá de la anécdota el trasfondo del conflicto es lo más importante. CUTCSA es una empresa que mantiene más del 60% de las líneas de ómnibus en Montevideo, por lo cual su crisis es la crisis de todo el sistema. Y efectivamente, CUTCSA se encuentra en una situación insostenible. En el viejo Uruguay una empresa podía darse el lujo que los números no le cerraran, siempre existiría un subsidio, directo o indirecto, que la mantendría funcionando en su inoperancia. Hoy, cuando durante mucho tiempo los números no cierran, porque los costos de producción del servicio son mayores que los ingresos que el mismo genera, se deberá enfrentar la realidad. Ello supone incrementar ingresos y bajar costos, así de simple. Incrementar ingresos, en este caso, no pasa por subir el precio que de por sí está alto, pero sí supone que más gente se suba a los ómnibus, para lo cual muchas cosas deberán cambiar. Para empezar se requiere un cambio cultural de la empresa, que involucra a sus trabajadores, donde se asuma que los pasajeros o usuarios del transporte colectivo son clientes en el sentido más amplio de la palabra. Que ya no se les está haciendo un "favor", sino que se les está vendiendo un servicio para el cual existen otras alternativas. Para que el cliente potencial compre ese servicio, el mismo deberá ser atractivo en diversos aspectos. Coches cómodos, limpios, seguros, donde exista un buen trato, con una buena frecuencia, que también supone regularidad, rapidez y un precio razonable. Para que como en otras ciudades, el automovilista se baje de su coche para acceder al centro en ómnibus debe existir un servicio adecuado, donde no existan esperas, se viaje cómodo y rápido. Todo lo contrario a lo que ocurre hoy día, donde recorrer 18 de julio en ómnibus (20 cuadras) insume 20 minutos, se viaja incomodo, se corren riesgos de ser asaltado, se es maltratado por guardas y conductores, se debe esperar una eternidad para que luego pasen dos ómnibus juntos y además se paga un boleto al mismo precio de un recorrido por toda la ciudad. En segundo lugar, se deberá realizar un ajuste de costos en base a una imprescindible reestructura de la empresa. Esta reestructura supone incorporar tecnología, desburocratizar, incrementar la productividad y brindar un buen servicio, para lo cual se necesita una reingeniería empresarial que inevitablemente, en este caso, eliminará puestos de trabajo. Sin dramatismos, es esto o el fin de la empresa. Porque debemos ser realistas y priorizar el servicio por sobre los intereses particulares, ya sea de empresas o sindicatos. Cuando cerró ONDA muchos creyeron que significaba el fin del servicio interdepartamental, entre ellos algún sindicalista que también hoy es un activo protagonista de este conflicto. Sin embargo ello derivó en una mejora sustancial del servicio en base a empresas más pequeñas que comenzaron a tratar a los pasajeros como clientes, compitiendo libremente por ellos. Por otra parte, el sector no perdió puestos de trabajo en la medida que se verificó una lógica redistribución. Con esto no pretendo el fin de CUTCSA, pero advierto que si no se procesa urgentemente su reestructura esta abierta esa alternativa, cuando se piensa el problema en términos globales y en función del interés general.
El tercer aspecto hace directamente a los trabajadores. Ya no es posible mantener puestos de trabajo que no cumplen ninguna función y que sólo generan costos. Como dijo Maggi, en alguno de sus artículos periodísticos, nunca se hubiera difundido la penincilina si se hubieran priorizado los puestos de trabajo de los recolectores de yuyos. Caricatura que presenta muy bien el problema. Si hoy tenemos cargos administrativos, de inspección, de recepción de la recaudación y venta de boletos en plataforma que pueden ser sustituidos por procesos mecanizados o sistemas más eficientes inevitablemente se deberá recurrir a ellos, otra cosa sería suicida tanto para la empresa como para la mayoría de los trabajadores. Inequívocamente estamos frente a un caso donde la reestructura supone reducción de puestos de trabajo consensuada entre las partes. El resultado será un mejor servicio, así como trabajadores que deberán reciclarse en otras empresas o en otras áreas de actividad. Es hora de comprender que esto es así en CUTCSA como lo es en otros sectores. Por: Juan Carlos Doyenart |
||