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| Columnas de opinión | ||
ALGUIEN TENDRÁ LA CULPA Inevitablemente luego de una elección nacional se generan diversos análisis tratando de explicar y comprender el resultado de la misma, así como las repercusiones que dicha instancia tiene sobre el futuro escenario político. Cada sector saca sus propias conclusiones sobre los votos obtenidos, realiza su análisis con relación a su poder de negociación, tratando de definir su mejor estrategia. Sin embargo en esta ocasión aparece un nuevo ingrediente, un actor externo que deja de serlo y para algunos sectores se convierte en un actor principal: las encuestas de opinión pública. Debo reconocer que este nuevo fenómeno me ha tomado por sorpresa y mi primer artículo posterior al 25 de abril se encaminó por los trillos tradicionales, analizando el resultado de la elección sin comprender que lo sustancial radicaba en otro lado. Para algunos las encuestas fueron el principal responsable de haber perdido las elecciones dentro de su partido, para otros su triunfo fue "a pesar" de ellas e incluso se llega a hablar de un dramático impacto de las encuestas sobre los electores. Pero como ocurre siempre existen quienes han decidido atacar este problema de una vez por todas para evitar que la población continúe siendo engañada en forma tan vil y proponer proyectos de ley que regulen la actividad o que incluso lleguen a prohibir la difusión de tan dañina información. Sin lugar a dudas toda una tormenta política que llega a superar el propio desenlace electoral, mostrándonos que las elecciones cuentan con otro objetivo además de elegir representantes, que es el de evaluar encuestas. Realmente todo un escenario donde el amigo Sartori se sentiría encantado. Me parece muy bien que, como toda actividad profesional que tenga algún tipo de incidencia pública, sea considera y analizada por los poderes públicos, prensa, parlamento etc. Pero cabe preguntarse cuáles son las intenciones o motivaciones que están detrás de algunos planteos, y sí efectivamente estamos frente a un fenómeno social de engaño a la población como ha pretendido calificarse esta actividad. Para empezar por lo más elemental, la acusación de que las empresas consultoras equivocaron sus pronósticos resulta totalmente gratuita, interesada y falta del más mínimo fundamento técnico. Dónde se ubica el error en la predicción cuando todas las consultoras, antes de la elección, pronosticaron el triunfo tanto de Lacalle como de Vázquez con diferencias suficientes que hacían innecesaria la intervención de la convenciones partidarias. Cuando todas afirmaron que en el P. Colorado existía paridad y que Batlle en las últimas semanas mostraba un crecimiento sostenido frente a un estancamiento de Hierro. En último caso se las podrá acusar de exceso de prudencia por no arriesgar un pronóstico más claro. Pero si se pretendía que la última encuesta realizada días antes de la elección arrojara exactamente las cifras para cada pre candidato que finalmente obtuvo en la elección es no comprender los alcances que tiene una encuesta. La segunda crítica, casi imperdonable, pasa por la influencia que las encuestas tienen sobre la intención de voto del ciudadano. La cual las convierte en una herramienta electoral muchísimo más poderosa que la publicidad en los medios de comunicación. Pero además se le otorgan poderes que superan a la propia trayectoria de los candidatos, a su mensaje o capacidad de comunicación con el elector. Si los gerentes de marketing hubieran comprendido antes estos poderes extraordinarios no hubieran gastado tanto en acciones de marketing y se dedicaban sólo a difundir encuestas para vender sus productos. Pero no, estos desactualizados señores, en el mundo entero, al igual que los jefes de campaña, en otros países, utilizan las encuestas como un insumo más para sus decisiones y perfiles de campaña. Las fluctuaciones en las encuestas las consideran como un fenómeno natural, analizan las causas, ven en qué ellos están equivocando, comparan, toman decisiones, pero no se les ocurre pensar que todas las encuestas se equivocan o que exista algún tipo de conspiración contra sus intereses. Si un visitante de otro país, donde las encuestas son una herramienta habitualmente utilizada en diversas esferas, viniera hoy al Uruguay quedaría asombrado cuando al preguntar el porqué de un determinado resultado electoral se le contestara que fue causado por inescrupulosas y poco calificadas empresas encuestadoras. Su asombro sería aún mayor cuando observara el resultado y pronóstico que estas empresas manejaron, correctas en su predicción y con los desvíos razonables y comunes en los guarismos de cada candidato. Creo que lo mejor es que cada cual analice sus propios errores y virtudes, sin tratar de practicar ese deporte nacional que consiste en encontrar las responsabilidades afuera. En un mercado abierto, transparente y relativamente bien calificado como es este, donde existen varias empresas compitiendo, las regulaciones se generan por sí mismas. Ya sea porque el mercado es cada vez más exigente y competitivo donde los "errores" finalmente se pagan o porque las propias empresas recorren el camino de la autoregulación. Los impulsos estatistas de regular, controlar e intervenir en todas las actividades están fuera de época, ya bastante precio hemos pagado por ellos. Porque, ¿quién controlaría? Algún grupo de "notables", la Universidad de la República que ya demostró su pericia en las elecciones del 94 o una repartición del Ministerio de Educación que certificaría la calidad mediante algún tipo de trámite burocrático. En cuanto a la censura ya son palabras mayores. Como todo acto totalitario sería profundamente antidemocrático y despreciativo de la inteligencia del electorado. Ello supone que sólo tendrían acceso a la información quienes pueden pagarla, pero estaríamos protegiendo a la gran mayoría de incautos. Reconozco que el mundo era más tranquilo sin encuestas, también lo era sin televisión, radios, aviones, y computadoras, pero son los precios de la modernidad. Por: Juan Carlos Doyenart |
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