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LA INTERNA FRENTISTA


Estamos a sólo dos semanas de las elecciones del 25 de abril, donde a pesar de una aparente apatía de la ciudadanía el país transitará por una instancia de suma importancia coyuntural pero también histórica. Por primera vez, nuestro sistema político será plebiscitado directamente y en cada partido se vivirá una instancia interna realmente democrática. No es poco lo que se juega, aunque hoy no tengamos la perspectiva histórica suficiente para que todos los actores entiendan su importancia. Pero más allá de estas apreciaciones generales es mi intención el analizar la coyuntura y como cada colectividad vive esta etapa electoral.

 

Ha sido una reivindicación histórica, casi de principios, de la izquierda uruguaya la eliminación del doble voto simultáneo para la elección de la persona que ocuparía la Presidencia de la República a pesar de lo cual el Frente Amplio no quiso acompañar la reforma constitucional del año 96. Lógicamente que los argumentos en contra de la reforma no pasaban por este punto, sino por el balotage u otros aspectos menores, sin embargo creo que la izquierda también temía a esta instancia interna, donde fuera de la lógica de las estructuras militantes podían generarse candidaturas alternativas como finalmente termina ocurriendo. Hoy por primera vez en su historia el Frente concurre a una instancia electoral abierta y democrática con más de un candidato, situación que en el pasado fue duramente criticada e inadmisible. Sin embargo esta doble candidatura presenta particulares características. Uno de los candidatos es el "oficial", el que fuera designado por las estructuras militantes, mientras que el otro representa la herejía. Uno apuesta a ganar hoy, el otro juega sus cartas con vistas a las elecciones del 2004. Pero principalmente aquí se muestran dos visiones muy diferentes sobre el rol que puede jugar la izquierda en el siglo que se inicia.

 

Lógicamente descarto la visión maniqueista de Hugo Cores que presenta a Vázquez como el verdadero representante de la izquierda y al senador Astori como el "tonto útil" para los intereses de la derecha. De estas cosas siempre se oyeron en el FA y no es extraño que algunos todavía hoy las repitan. Claramente las alternativas están planteadas en otros planos muy diferentes, seguramente en aquellos términos en que las ha venido planteando el Gral. Seregni. Justamente, Cores intenta ubicar al veterano líder como una pieza de museo al cual se debe respetar por su pasado, como una especie de jarrón chino que todos admiran pero que no se sabe donde ponerlo. Ello no es casual, porque en realidad el líder histórico del FA ha venido planteando con mucha insistencia lo que debería ser el rol de la izquierda en este nuevo mundo, que sin lugar a dudas dista mucho de la visón cortoplacista de quienes hoy controlan la coalición. El planteo de Seregni, que se ve claramente reflejado en la candidatura de Astori, trasciende incluso la división entre una izquierda moderada y otra radical, aunque los alineamientos en algunos casos puedan confundir los planos.

 

Vázquez siempre comprendió que existía "el frentismo" como una corriente política que trascendía al propio Frente Amplio. Buena parte del crecimiento electoral, principalmente entre los sectores más desfavorecidos no se genera por adhesión a la izquierda, sino a una respuesta populista, "esperanzadora" frente a la creciente incertidumbre generada por la vertiginosa ola de cambios que ocurren en el país y en el mundo. El "frentismo" es, para muchos sectores, una expresión política esencialmente contestataria que promete el regreso a las viejas certezas del pasado. La afirmación de una coalición de gobierno, ocurrida en este último período en el país nos introduce por un buen camino, el de la estabilidad. Lamentablemente, buena parte de la izquierda no ha entendido nada de este proceso, huérfana de ideas y de aquellas certezas del pasado que les brindaba un modelo alternativo donde hasta el más mínimo detalle queda explicado, se ha aferrado a un populismo trasnochado, limitando sus aspiraciones a la simple obtención de gobierno. En definitiva la izquierda, de la mano de Vázquez, está dejando de lado la posibilidad de jugar un rol protagónico en este fin de siglo, su incapacidad de asumir las nuevas realidades, las cuales niega constantemente, no le permite ver ese espacio político que poco a poco cubren los partidos tradicionales. Prefieren negar las realidades, enfrentar el progreso, pregonar la catástrofe, apropiarse del miedo de la gente ante el cambio y prometer el espejismo de recrear el Uruguay batllista. Sin duda esta postura hoy supone un bloqueo para el país, posterga la consolidación de la etapa de reformas, no permite los consensos sociales y debilita finalmente el poder político.

 

La democracia requiere de pluralismo político y rotación en el poder, no es bueno un esquema donde el gobierno pase de una coalición colorado-blanca a otra blanco-colorada, la izquierda en Uruguay debe llegar al gobierno y formar su propia coalición. Para ello requiere romper su aislamiento político, asumir los cambios que ocurren en el mundo, desprenderse definitivamente de los sectores nostálgicos de la década del sesenta, así como de su visión catastrófica y con la misma madurez de la coalición de centro-izquierda que gobierna Chile proponerse insertar el país competitivamente en la región y el mundo acompasando el desarrollo social. Esta es la visión que defiende el Gral. Seregni, pero que en esta instancia no cuenta con ninguna posibilidad, su única apuesta radica en ganar un espacio dentro de la izquierda, que resurja luego del desgaste del liderazgo de Vázquez.


Por: Juan Carlos Doyenart
Publicadas en El Observador - 10 de abril de 1999