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EL DR. LACALLE Y LA COALICIÓN


La última columna que publicara en El Observador, el sábado próximo pasado, generó una réplica del candidato nacionalista, Luis A. Lacalle, donde se reafirma su postura con relación a las coaliciones de gobierno. Dicha réplica fue motivada por una interpretación que yo realizara de la actitud del ex mandatario sobre la presente coalición. En el artículo se señalaba mi preocupación con relación a la estabilidad de futuras coaliciones en la medida que los sectores mayoritario del P. Nacional no se encontraban claramente alineados con esta idea. En el caso de Larrañaga su postura siempre fue claramente opositora a que los blancos integraran el acuerdo de gobierno, mientras que en el caso del herrerismo afirmaba que "....nunca estuvo consustanciado con la idea de coalición....". La respuesta del ex presidente plantea con claridad su voluntad coalicionista, afirmada en que su sector fue el único en firmar un documento con el presidente Sanguinetti y que el planteo de conformar una coalición figuraba en su plan de gobierno exhibido durante la campaña electoral del 89, así como en la actual propuesta política.

Seguramente existan problemas de carencia o mala información, pero parecería no ser este el caso. Tiendo a pensar que el problema radica en diferencias en cuanto a interpretar el concepto operativo de una coalición de gobierno. Desde mi punto de vista, una coalición, tal cual hoy se requiere, debe ir más allá que un acuerdo entre partidos o sectores para aprobar un conjunto de leyes en el parlamento y líneas de conducta a nivel de los Entes. Ello es lo propuesto en el documento "Respuesta Segura" del herrerismo en 1999, lo cual reafirma mi idea sobre la forma en que este sector concibe los acuerdos de gobierno. Si repasamos los antecedentes en esta materia encontramos que dicha propuesta no se aleja mucho de lo que ha sido la práctica anterior al 95. Esta práctica se basaba en que el sector que obtenía la minoría mayor dentro del lema ganador le correspondía el control del Ejecutivo y que para poder gobernar debería recorrer "todo el espinel" buscando apoyos en el parlamento para aprobar ciertas leyes. Esta recorrida comenzaba por los sectores de su propio partido, quienes en varias ocasiones no se sumaban a estos acuerdos y que debían realizarse con sectores del otro partido. Pero más allá de cómo se integraban, estos acuerdos suponían intercambios de apoyos parlamentarios en ciertas leyes por cargos en Entes. Estos los hacía de por sí inestables, en la medida que los cargos en los Entes se mantenían cuando el acuerdo se rompía, ruptura que se expresaba por el retiro de algún ministro. El gobierno presidido por Lacalle es un ejemplo de esta situación, donde sectores de su propio partido, como Por la Patria y Mov. de Rocha, abandonan el gobierno finalizando el período con una sociedad entre sectores de distintos partidos: herrerismo y pachequismo.

La coalición que se conforma en el 95 es muy diferente. Ella supuso un acuerdo entre partidos, donde todos los sectores blancos y colorados integran el gobierno trascendiendo el nivel parlamentario para instalarse en el propio Ejecutivo. El Dr. Volonté actuó como una especie de primer ministro en representación de su partido y en calidad de presidente del Directorio. Allí se concretaron planes de gobierno que fueron más allá de paquetes de leyes, que habilitaron los presupuestos "gasto cero", las reformas educativa y de la Seguridad Social, la reforma constitucional, la política cambiaria y otras reformas económicas de cierta envergadura. En esta ocasión y por primera vez, ambos partidos actuaron como verdaderos socios, lógicamente con un socio mayoritario pero que debió actuar siempre en consulta con el otro. Ello le dio al país una estabilidad política imprescindible para la etapa que vivimos, no sólo asegurando el proceso de reformas sino que también trasmitiendo señales positivas hacia el exterior. Sin lugar a dudas, esta concepción de una coalición de gobierno es muy diferente a los acuerdos establecidos anteriormente, circunscriptos al ámbito parlamentario y a determinados proyectos de ley.

Por otra parte, la actitud asumida por el herrerismo en el 95 y durante este período demuestra que no se compartió cabalmente la política seguida por la mayoría nacionalista. Para empezar no se integró la coalición como parte del partido, sino mediante una acuerdo sectorial por separado, más allá de la indiscutible seriedad que supone firmar un documento. Allí no se acompañó una de las ideas esenciales que suponía el acuerdo entre partidos y no entre sectores. Por otra parte, a nivel del Ejecutivo se integró en un ministerio circunscripto al área social con menor compromiso en las políticas económicas del gobierno las cuales criticó en varias oportunidades. Otros sectores nacionalistas asumieron ministerios de mayor involucramiento y dependencia del ministerio de economía o del Presidente, como lo son el de Trabajo o Ganadería, sin hablar de los ministerios de Defensa o Relaciones Exteriores. Finalmente, el Dr. Lacalle en ninguna oportunidad que yo recuerde ha buscado capitalizar la gestión de cogobierno de su partido como un elemento positivo, por el contrario, en los últimos días ha afirmado la necesidad de romper la coalición para ganar en "independencia" y no quedar "mimetizados" con los colorados, demostrando el poco convencimiento que tiene en este tipo de coaliciones.

No tengo la menor duda que la propuesta del herrerismo en su documento político es seria y que explicita un compromiso claro de los acuerdos legislativos en los cuales se basaría el herrerismo en caso de acceder a la Presidencia, pero creo que también expresa la vieja concepción de un gobierno de minorías con mayorías parlamentarias circunscriptas a ciertas leyes. Desde mi modesta opinión ello es hoy totalmente insuficiente y de alguna forma la experiencia que vivió el Dr. Lacalle cuando fue presidente, Ley de empresas públicas mediante, ilustra esta idea.


Por: Juan Carlos Doyenart
Publicadas en El Observador - 10 de julio de 1999