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EL INEVITABLE TRIUNFO DE LA IZQUIERDA


El crecimiento electoral de la izquierda uruguaya en los últimos 15 años se ha convertido en el fenómeno político más destacado en este fin de siglo. Luego de un siglo de hegemonía de los partidos históricos, a partir de 1971 comienza a cuestionarse el bipartidismo hasta esta última elección donde las fuerzas políticas "contestatarias" obtienen el 45% del total del electorado y el E.P. se convierte en la primer fuerza parlamentaria. Sin lugar a dudas es lícito preguntarse a qué responde este fenómeno y cuál será su desenlace en el futuro. No sólo el bipardismo deja paso a un multipardismo moderado, sino que algunos se cuestionan si el crecimiento de la izquierda no llevará finalmente a un nuevo bipardismo estilo europeo.

Cómo es posible que aquel FA del 71, que parecía responder a un fenómeno estrictamente montevideano, radical en sus propuestas, con un componente político asociado con grupos guerrilleros y un PC ortodoxo, inspirado en el modelo cubano, pudiera llegar a congregar un apoyo electoral de casi un millón de personas. Aquella izquierda que nunca llegó a comprender a la sociedad uruguaya, que se equivocó en el diagnóstico de país y por tanto en las soluciones y caminos a recorrer. Que despreció el sistema democrático, que desconfió de la vía electoral como forma de llegar al gobierno, que coqueteó con los militares y con la guerrilla, que proclamó el fin inevitable del capitalismo y se afilió a la tesis de la lucha de clases y el control estatal de los medios de producción finalmente, cuando todas estas cosas han sido aplastadas por la realidad, se convierte en la principal alternativa de varios sectores de la sociedad uruguaya. Sin lugar a dudas muchas cosas han ocurrido en este tiempo para llegar a esta situación. Desde una dictadura militar que, sin pretenderlo, legitimó y redimensionó el capital político y moral de esa izquierda, que a su vez evitó la ruptura inevitable de la coalición de acuerdo a la situación existente en el año 1972. Pero también jugó en el mismo sentido el desgaste de los partidos históricos que no supieron modernizarse a tiempo y mantuvieron prácticas clientelísticas sin comprender que la población las rechzaba. Finalmente, el fin del socialismo en el mundo hizo retroceder los planteos más radicales, ubicó a la izquierda en un espectro de centro, haciendo desaparecer los temores que generara en el pasado, insertándola dentro del sistema político. El corrimiento hacia el centro, los planteos populistas conservadores frente a los cambios de la sociedad moderna, los errores de blancos y colorados, así como un liderazgo carismático fueron posicionándola como una alternativa de renovación política.

Sobre el futuro existen diversas hipótesis. Una de estas versiones se basa en un modelo proyectivo elaborado por Luis González que establece el crecimiento lineal del E.P., con una tasa anual del 1,2%, y que ubica a las fuerzas contestatarias en el 50% del electorado para octubre del 2004. De acuerdo a este modelo que predijo relativamente bien el resultado de octubre del 99, estaríamos en presencia de un fenómeno político que inevitablemente lleva al Frente Amplio al gobierno en las próximas elecciones. Para el sociólogo Aguiar el final es el mismo pero su predicción es de tipo sociológica. Su tesis, que equipara este crecimiento a una ola imposible de detener, cuenta como principales causas el efecto demográfico y fuertes mecanismos de presión social como la familia, la escuela y el barrio que "operan trasmitiendo valores de identidad". Según el sociólogo la inevitable renovación del padrón electoral alcanza para darle el triunfo a la izquierda en el 2004 sin necesidad de que operen otros factores.

Ambas tesis no son contradictorias, quizás los factores sociales apuntados por Aguiar explican el modelo matemático de González. Pero, lógicamente estamos hablando de fenómenos sociales que difícilmente tengan un recorrido lineal. Sin descartar estas visiones del futuro próximo vale la pena preguntarse si no estamos en la antesala de nuevos cambios en el comportamiento del electorado que se hacen hoy muy difíciles de visualizar. Ambas posturas parten del supuesto de inamovilidad de factores, lo cual en esta época pueden se arriesgado. Tiendo a pensar que nuestra sociedad se encuentra en una etapa de transición, donde operan factores encontrados que están jugando su pulseada. Resulta pertinente preguntarse hasta qué punto persistirán las resistencias de buena parte de la sociedad uruguaya a los cambios que se han gestado en los últimos años. Esta sociedad en transición poco a poco comienza a asimilar las nuevas realidades, a comprender los beneficios de la modernidad y no sólo quedarse con sus aspectos negativos. Ello posiblemente vaya erosionando muchos argumentos que hoy son utilizados políticamente para "castigar" a los gobiernos blancos y colorados. Lo cual lleva a preguntarse, hasta qué punto mantendrá su credibilidad esa visión pesimista de nuestra sociedad frente a las realidades que se generan por efecto del crecimiento económico. Quizás estos factores deberían considerarse en los modelos matemáticos.

Por otra parte, no creo que los actores políticos mantengan incambiadas sus conductas. Posiblemente ambos partidos históricos hoy se estén replanteando seriamente su accionar y hayan comprendido que en esta elección se les ha dado su última oportunidad. Así mismo, la izquierda deberá decidir entre continuar con su oposición cerrada o asumir compromisos en determinadas áreas del quehacer nacional. Si bien la estrategia del No les permitió un importante crecimiento electoral, también se demostró que genera serias desconfianzas en cuanto a su seriedad o capacidad para gobernar. A esto debemos sumarle el futuro del N. Espacio que en el pasado jugó un rol clave en el desgaste electoral de blancos y colorados pero que hoy se encuentra seriamente cuestionado en su viabilidad futura. Creo que estos elementos alcanzan para plantearse muchas interrogantes, de acuerdo al comportamiento de los actores políticos y la evolución de la sociedad, como parea no aventurarse a plantear pronósticos electorales de cara al 2004.


Por: Juan Carlos Doyenart
Publicadas en El Observador - 11 de diciembre de 1999