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| Columnas de opinión | ||
NI CONVENCEN, NI ENTUSIASMAN En el artículo que publicara la semana anterior, analizaba las posibles causas del crecimiento del Encuentro Progresista en el período post dictadura, llegando a la conclusión que las explicaciones clásicas, de tipo coyuntural, no son suficientes para comprender un fenómeno que resulta bastante más complejo. En dicho artículo, formulaba la pregunta: "¿cuál es el cambio que un 40% de los uruguayos busca al votar por el E. Progresista?", para responderme que: "...este fenómeno social que ha llevado a dividir el país en dos partes, tiene un componente de cambio y otro de reacción contra el cambio". En principio, esta afirmación aparece como contradictoria, pero se explica en que en estos últimos 10 años el Uruguay ha cambiado y avanzado mucho, luego de 40 años de estancamiento. Este ha sido un período de crecimiento económico, incrementándose el consumo, mejorándose la calidad de vida de buena parte de los uruguayos, modernizándose el país en muchos aspectos y manteniéndose un buen nivel de distribución del ingreso. Lógicamente que estos cambios tienen su contracara: delincuencia, marginalidad, individualismo, consumismo e inseguridad laboral son parte de esta modernización. Ellas generan incertidumbres y miedos, desconfianzas y finalmente inseguridad, porque tampoco está allí aquel estado benefactor que se extendía como un gran paraguas protector. Las clases medias votaron contra esos cambios, en la búsqueda de las seguridades y certezas que nos daba el viejo Uruguay y al cual Vázquez promete regresar. Pero también afirmaba en este artículo que: "el crecimiento del FA no se resume en esto. Los partidos tradicionales han hecho su gran aporte, que tiene que ver con el sentimiento real de cambio que busca la gente". Efectivamente, aquí radica el otro aspecto que no se puede soslayar. El E. Progresista no sólo crece por méritos propios sino por la importante "ayuda" que ha recibido de los partidos tradicionales. Quizás conviene recordar el deterioro de ambos partidos tradicionales previo al golpe de estado, que había sumido al país en un gran vacío de poder político. Este deterioro, cimentó el nacimiento del Frente Amplio, pero antes de la guerrilla y luego la propia irrupción militar, más allá de la tardía reacción que significó el ferreirismo dentro de filas blancas. Los doce año de régimen militar pusieron un manto de olvido, por lo cual los partidos tradicionales tuvieron una nueva oportunidad a partir del 84, pero ya en un Uruguay que no era ni sería más bipartidista. Durante estos 15 años, blancos y colorados gobernaron el país de acuerdo a los nuevos lineamientos internacionales, quizás porque supieron comprender estas nuevas realidades o quizás porque no tenían otra alternativa. Pero el hecho es que en este período los partidos tradicionales procesaron parte de los cambios estructurales que el país requería para ser viable en la nueva coyuntura internacional, asumieron los retos de la era digital, modernizaron el país, levantaron muchos (aunque no todos) de los bloqueos del viejo estado paternalista, facilitaron el camino para los emprendimientos privados y la inversión externa. Sin lugar a dudas, en este período el binomio blanco-colorado administró bien el país, fue prudente, gradualista y caminó en el sentido requerido. No se aplicaron políticas de shock, no se recurrió al expediente de la venta de empresas públicas, al estilo argentino, y siempre se buscó un cambio de estructuras que no violentara la cultura estatista de los uruguayos. Cualquiera que se precie de "neo liberal" diría que esa política ha sido totalmente insuficiente, manteniéndose estructuras del viejo Uruguay que son obsoletas. Sin embargo, los logros han sido importantes sin pagar los altísimos costos sociales de otros países que optaron por cambios más radicales. Si esto es así, ¿dónde están los errores de blancos y colorados? Desde mi punto de vista los errores pueden verse a dos puntas. Por un lado, los ubico en el mantenimiento de los viejos estilos de hacer política, teñidos de prácticas clientelísticas, algunas lindantes con la corrupción, donde el favor al correligionario o la ubicación de algún dirigente con resultado electoral adverso están a la orden del día, así como las rencillas intrapartidarias que la gente rechaza. Por otra parte, blancos y colorados han demostrado una total incapacidad de comunicarse con la población, de convencer, de entusiasmar, de mostrar que efectivamente el país va por un buen camino y que los cambios procesados en este período permiten una mejor calidad de vida. Por el contrario, el discurso de los dirigentes muchas veces es contradictorio y quejumbroso. Cuando se sale a explicar porque se toma tal o cual medida se lo hace con un lenguaje excesivamente técnico, manejando muchas cifras que difícilmente la gente comprenda y mucho menos que la motive o entusiasme. Cómo puede interpretarse, para el uruguayo medio, aquella famosa sesión del parlamento que terminó con la renuncia del ministro de Ganadería. Allí el partido nacional, socio de los colorados durante cuatro años, pone en cuestión toda la política económica y se suma a los planteos del E. P. Difícilmente se pueda convencer o motivar con estas gruesas contradicciones. Pero los errores no terminan allí. A falta de renovación generacional en las dirigencias partidarias es otro factor desmotivador. Es cierto que la izquierda poco se ha renovado, pero proceso el recambio en lo esencial: su líder. Por otra parte, ambos partidos tradicionales, han entregado el discurso social a la izquierda. Nadie habla de solidaridad, de transferir recursos a los sectores más carenciados, a pesar de que en este sentido mucho se ha hecho en este período. Se sigue creyendo que mostrando al desacreditado BHU entregando viviendas están cumplidos con la "sensibilidad social". Hoy, para la mayor parte de la población la preocupación por los pobres es monopolio del FA. Blancos y colorados se equivocan y quizás el resultado del 31 de octubre sirva para darse cuenta que no alcanza con ser buenos administradores y apelar a las viejas tradiciones, que es necesario convencer y entusiasmar. Por: Juan Carlos Doyenart |
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