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EL MONOPOLIO DE LOS POBRES


Siempre es de esperar, que en una campaña electoral todos los candidatos y partidos expresen su preocupación por los sectores más necesitados de la sociedad. Es lo que en la jerga política se denomina como "sensibilidad social". Los gobiernos muestran sus obras, y la oposición denuncia las injustas situaciones de pobreza, ambos manejando cifras que nos pintan dos países totalmente opuestos, aunque se este hablando del mismo. Esta especie de pulseada termina generando situaciones muy poco creíbles. Por ejemplo, no creo que nadie recuerde un Banco Hipotecario tan dinámico para informar sobre las innumerables viviendas que se están entregando, lo cual nos trasmite la idea de un incremento significativo en el nivel de productividad de esta institución. Esta misma eficiencia también alcanzó niveles nunca vistos cuando se inauguró una escuela que recién recibirá niños el próximo año, por lo cual se debió pedir prestado alumnos de otro local escolar y así recrear una escena plausible de filmar.

De la otra parte tampoco se han quedado atrás. Primero un plan de emergencia que dejaría pálidos de envidia a los responsables de Acción Solidaria o cualquier otra institución de caridad, aunque ello no solucione en un ápice la situación de los sectores más carenciados. Pero esto no queda allí, quienes realizan la propuesta afirman que este plan se pondrá en marcha sin aumentar el gasto, sólo con reformular el presupuesto actual. Claro que quienes proponen tan innovadora idea no saben cómo hacerlo, reconociendo que no cuentan con suficiente información (?). A los pocos días, seguramente iluminados por la cercanía de las elecciones, se propone un plan de empleo, que seguramente va a generar innumerables demandas de todas partes del globo por conocer la respuesta a uno de los grandes problemas que caracterizan este fin de siglo. Sin embargo dicho plan, por una parte establece una serie de exoneraciones impositivas para los empleadores repitiendo una receta aplicada en muchas partes sin ningún resultado más que el disminuir los ingresos del estado. Complementariamente, se crearía una gran agencia de colocaciones estatal que será monitoreada desde la OPP. Es decir que la Junta Nacional de Empleo, organismo tripartito donde participan trabajadores y empleadores no ejercerá ese rol, tampoco el ministerio de Trabajo, directamente el Presidente y el director de la OPP. Algún mal pensado podrá suponer que estamos en presencia de una maquinaria perfecta de clientelismo político, al viejo estilo de la URSS, que nadie se había animado a proponer hasta hoy.

Estos son sólo algunos ejemplos, quizás no los más representativos, del mal manejo que se hace del tema de la pobreza y el desempleo. Para empezar, resulta poco creíble que existan sectores que monopolicen la preocupación por estos temas, por lo menos yo ya no lo creo. Esas caricaturas que tan bien ilustra Galeano en sus libros, y que muchos frentistas creen, no reflejan la realidad del mundo y mucho menos de este país. Estos son temas muy complicados que, en mayor o menor medida , afectan y preocupan a toda la sociedad. Es cierto que el empresario se ocupa de sus ganancias, o de otra forma dejará de existir, así como el trabajador se ocupa de mantener o mejorar su puesto de trabajo y el productor en incrementar su productividad. Así funciona la sociedad y será el estado quien deberá velar por todos, generando condiciones favorables para que cada cual cumpla sus roles. Los problemas sociales que inevitablemente genera una economía de mercado, serán materia de políticas de estado, no patrimonio de ningún partido político. Porque es el estado quien deberá preservar los equilibrios. De las consecuencias del estado paternalista ya todos aprendimos y los populismos socializantes nos horrorizan. Hoy debemos encarar las políticas sociales desde una perspectiva de responsabilidad para con toda la sociedad, sin voluntarismos y principalmente comprendiendo los nuevos males sociales para no recurrir a las viejas recetas.

La "opción por los pobres", esa frase cristiana que el marxismo adoptó durante mucho tiempo, de tan mal usada se la ha vaciado de contenido. A tal punto es así que para la izquierda hoy es un slogan, un cliché en el cual creen basar su identidad. Sin embargo las propuestas que hoy nos plantean se parecen mucho más a una "opción contra los pobres". Fernández Huidobro se arrepiente de no haber desarrollado más la lucha armada, pero no sé de que se arrepiente Olesker, lo que sí queda claro es que con exoneraciones impositivas, barreras arancelarias, aumento del gasto, creación artificial de puestos de trabajo, rigidez laboral, planificación estratégica, agencias de colocaciones, monopolios, controles a las inversiones y otros "paliativos" de ese estilo, sólo pueden generar mayor pobreza. Porque aquí radica una cuestión que la izquierda nunca llegó a comprender cabalmente, para disminuir la pobreza debe existir riqueza. Hasta que no se comprenda que el problema central del país pasa por su bajo nivel de competitividad, todos estos paliativos sólo habilitan a perpetuar la pobreza, en el mejor de los casos. Reconozco que no todos quienes comparten esta idea lo hacen por iguales motivos, pero también es cierto que aquellos países que efectivamente lograron disminuir la pobreza hasta casi eliminarla lo hicieron en base a la iniciativa privada, individual, de quienes buscaban el lucro. Porque estos sectores fueron el motor de generación de riqueza, que por decisión política colectiva logra niveles adecuados de redistribución.

Por ello, quienes efectivamente hacen su opción por lo pobres, deberían comenzar por proponer formas de generar riqueza, no de combatirla.


Por: Juan Carlos Doyenart
Publicadas en El Observador - 16 de octubre de 1999