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GOBERNANDO SIN LEYES


Evidentemente son muchas las cosas que se pueden buscar en un candidato a la Presidencia de la República, eso dependerá en última instancia de lo que cada ciudadano aspire para el país y para sus propios intereses. También es cierto que resulta humanamente imposible encontrar todos los atributos deseados en una sola persona, por lo cual finalmente terminamos priorizando, buscando aquellos valores que nos son más sentidos o importantes a nuestras propias necesidades. Por otra parte, algunos de estos valores prioritarios son más de tipo "estructural", forman parte de las culturas predominantes en una sociedad y otros son más coyunturales, responde a situaciones concretas y por tanto son cambiantes con el tiempo.

Esta reflexión inicial no pretende moverse en un plano de abstracción, responde a situaciones muy concretas que hacen a esta coyuntura donde en pocos días tenderemos una elección primaria que condicionará fuertemente el resultado electoral de octubre y noviembre próximos. Es en esta instancia donde están abiertas todas las opciones, cada partido presenta candidaturas múltiples, aún la propia izquierda, mientras que en las próximas etapas las alternativas se circunscriben a cuatro y dos candidatos. Por lo tanto, es ahora cuando los uruguayos deberemos afinar nuestra puntería, no pensando en una simple elección interna sino en una elección primaria decisiva. ¿Qué podemos estar priorizando para tomar una decisión electoral? Como decía anteriormente muchas cosas, aunque para algunos analistas y dirigentes políticos el tema central sería la honestidad, la transparencia y por tanto quienes den una imagen más clara en este sentido contarán con las mayores posibilidades. Puede ser cierto, que hoy el valor honestidad sea muy importante para los uruguayos, pero como dijo Alberto Methol, este es un valor pre político, que se debe tener como prerequisito para ser candidato y no como un valor político en sí mismo. Quizás, lamentablemente esto hoy no está tan claro.

Desde mi perspectiva personal, creo que más allá de aquellos valores permanentes que se puedan buscar en un candidato, existe una impronta coyuntural de gran importancia: que radica en la capacidad de gobernar mediante acuerdos estables y programáticos, sólo posible en base a coaliciones de partidos. De ninguna forma creo que esto represente la imposición de una verdad revelada, como da a entender el candidato frentista Tabaré Vázquez. Representa, sí, una realidad política y una imposición de los desafíos que el Uruguay tiene por delante. Pretender obviar esta realidad, me genera una genuina duda sobre la seriedad con que el Dr. Vázquez afronta la responsabilidad que asume como candidato a la Presidencia.

Aún suponiendo que no se requieran leyes para gobernar, como él afirma, que la actual legislación es suficiente para impulsar su programa de gobierno, suponiendo que no fueran necesarias las leyes de presupuesto para gobernar un país, es imposible pensar en cualquier transformación que no cuente con el respaldo de mayorías. Es más, podría aceptar la confusión del Dr. Vázquez cuando compara el legislativo departamental, con mayorías absolutas, con el legislativo nacional con representación proporcional. Aún sumergidos en ese mar de absurdos, que de por sí darían para deslegitimar cualquier otra afirmación, mi preocupación se centra en esa actitud de confrontación que niega los acuerdos interpartidarios para gobernar. Porque justamente, ese es uno de los grandes cambios que se han generado en estos últimos años, no sólo en Uruguay, en todo el mundo. El único que no requiere de estos acuerdos es Fidel Castro, el resto sí.

Concuerdo con la tajante afirmación que en este sentido realizó el Gral. Seregni: "...es inevitable un período histórico de coalición y acuerdos...".Porque desde la perspectiva del líder histórico de la izquierda, en nuestro país están pendientes muchas transformaciones que hacen a nuestra viabilidad como nación. Estamos insertos en un mundo atrozmente competitivo, dónde nadie regala nada y para poder sobrevivir se requiere de un convencimiento, madurez y solidez social muy fuertes. Un país dividido, confrontado permanentemente, donde no existan políticas de Estado claras en las áreas claves sólo puede rezagado, que es la mejor forma de morir en este mundo de hoy. Si hay un lujo que hoy no podemos darnos es el de quedar atrapados en nuestras propias contradicciones internas, mientras el resto de los países pelean por lo suyo. Simplemente eso es suicida, y más allá de nuestras simpatías por uno u otro partido lo mínimo que un candidato debe garantizarnos es que efectivamente tendrá la voluntad y la capacidad de gobernar en coalición. Cualquier otra cosa, por más adornos que se le coloquen es de política ficción.

Con la voluntad tampoco alcanza, también hoy se requiere la capacidad de negociar y acordar políticamente, ya no con fracciones de otro partido, como fue en el pasado, sino con todo el Partido. Esta nueva experiencia quedó registrada en los dos últimos gobiernos y en la propia reforma constitucional. Lacalle tuvo la voluntad, pero no la capacidad de lograr acuerdos más firmes, incluso dentro de su propio partido, sin embargo Sanguinetti logra una coalición entre partidos, donde nadie queda fuera y que logra mantenerse aún cuando entramos en las etapas de definición electoral. Claro, si ni siquiera existe la voluntad, difícilmente se logren acuerdos y corremos el riesgo de una futura confrontación de poderes. Quizás sea bueno recordar la experiencia de Allende, cuando en un esquema pluripartidario lo llevaron a optar por el camino propio o la última etapa del gobierno de Pacheco, basada en decretos .

Claro, puede estar ocurriendo que, como en situaciones anteriores, las declaraciones de Vázquez hayan sido transgiversadas por la prensa, en cuyo caso me adelanto a pedir disculpas.


Por: Juan Carlos Doyenart
Publicadas en El Observador - 20 de marzo de 1999