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POR QUÉ VOTO SI Y PORQUÉ VOTO NO


En esta columna, que mantengo desde el año 92, nunca incursioné en pronunciamientos políticos partidarios, ubicado en ese cómodo y pacífico limbo de los independientes. Pero también es cierto que nunca rehuí opinar sobre diversos temas dejando clara una determinada visión sobre el país y la época que nos toca vivir. No pienso variar este estilo. El 28 de noviembre no tendremos una elección común, con opciones partidarias o de candidatos, tendremos un plebiscito. ¿Qué se plebiscita? Sencillamente dos visiones del país y del mundo, que coyunturalmente estarán encarnadas por dos candidatos. Por lo tanto he sentido la obligación de dar una opinión personal, a pesar que en este país del "no te metas", donde predomina la cultura de no arriesgar, muchos me han recomendado que no lo haga por resultar contraproducente para mis intereses profesionales. Quizás tengan razón, pero finalmente siento la necesidad de expresarme en una coyuntura que entiendo vital para el futuro del país y de mi familia. Porque en esta elección se deciden muchas cosas y a ellas voy a referirme.

En los plebiscitos votamos por Si o por No, pero en este caso podemos votar por Si y por No al mismo tiempo sin anular nuestro voto. En mi caso pienso votar por No a un gobierno de Vázquez y por Sí a un gobierno de Batlle.

Las razones del NO

  1. Porque para gobernar es necesario tener vocación de gobierno, conocer y sentir el arte del gobernar y de administrar el poder prudentemente. El FA no sólo desconoce absolutamente todo sobre los mecanismos de gobierno, del cual siempre se mantuvieron ajenos, sino que han desarrollado e internalizado una fuerte cultura de oposición. No se puede gobernar un país, con una cultura de oposición.
  2. Porque el FA mantiene una visión del mundo, del país y de la época que nos toca vivir totalmente errónea. Desconocen y desconfían de los cambios que han ocurrido en los últimos años, del progreso tecnológico y de las transformaciones que ello ha producido en las formas de producción , de generación de riquezas, en las ideologías y los estilos de vida. Continúan creyendo en el estado asistencialista todo poderoso capaz de orientar y dirigir los destinos de la gente en todos los ámbitos. No creen, aunque la toleren, que la economía de mercado es la única forma conocida de generar riqueza y bienestar en la gente.
  3. Porque mantienen una visión corporativista de la sociedad, cediendo ante las presiones de los sectores de interés. Porque como parte de esa cultura opositora, desconfían de la democracia representativa y apuestan a la democracia directa. En la medida que continúan creyendo en la lucha de clases, ven al empresario como un enemigo de clase, con el cual se debe negociar pero sin perder de vista que finalmente es el enemigo. Creen en la oposición capital – trabajo y no en la cooperación entre ambos factores. Esto los lleva a rechazar el lucro y a considerar que todo los privado está mal, que sólo es válido lo que desde el estado se pueda hacer y que toda acción humana debe estar exenta de ganancias. Esta visión los lleva a al convencimiento que el estado debe controlar la riqueza que producen los privados, desestimulando la iniciativa privada que hoy resulta en un factor clave para el desarrollo del país.
  4. Su opción por los pobres es meramente declarativa. Nunca supieron cómo hacer para reducir efectivamente la pobreza, insistiendo en la vieja fórmula del asistencialismo estatal que en el pasado demostró ser la mejor forma de incrementar la burocracia, el gasto público y finalmente generar más pobreza.
  5. Su cultura opositora, de intransigencia ideológica, su desconocimiento de los mecanismos del gobierno y del arte de la negociación política, los lleva a constituirse en un bloque cerrado, sin capacidad de negociar y conformar mayorías parlamentarias. Por lo tanto un gobierno del FA será inevitablemente un gobierno de minoría, bloqueado, sin capacidad de hacer. Este lujo no se lo puede dar el país y menos en esta etapa.
  6. No son la izquierda europea, con la que hoy buscan emparentarse. Esta rechaza la visión estatista, se ha declarado inequívocamente no marxista, desconoce la lucha de clases y reconoce las nuevas realidades del mundo. La izquierda uruguaya, por su parte, mantiene viva la visión marxista leninista de la sociedad aunque no aplique sus recetas, incorporando en su seno a grupos radicales, anti democráticos, violentistas, con enorme capacidad de presión sobre el resto. Este Frente no es la izquierda renovada por la que personalmente, un día, pelee. Esta es una izquierda maquillada que disfraza su discurso, que oculta lo que realmente piensa, con el único fin de llegar al gobierno, montando una gran farsa electoral.
  7. No creen en el liberalismo, sí en el colectivismo. Creen que existe un bien común supremo, por encima de la libertad individual y que el estado es el fiel interprete de ese bien común. Nunca creyeron en ese potencial creativo que siempre genera la libertad individual. En definitiva, niegan la Historia.
  8. Finalmente, voto No porque el Dr. Vázquez no es creible. Ha demostrado en innumerables ocasiones que adapta su discurso a las circunstancias. Se declara ecléctico sin haberse desdicho de su filiación marxista. Un día su asesor es Olesker y otro día es Astori; un día sataniza al FMI, otro día sale a darle explicaciones; un día apoya la reforma constitucional otro día es su más ferviente opositor; un día grava los depósitos bancarios y otro día no. Un día quita, otro día da; un día odia, otro día quiere, un día es socialista otro es ecléctico. Finalmente, para evitar contradecirse opta por no hablar más. Para votar a un Presidente, lo mínimo que uno quiere saber es a quién vota.

Las razones del Si

  1. Voto por Batlle porque representa la continuidad del actual proceso de cambios y de modernización del país. Porque soy de los que cree que el país requiere "más de lo mismo".
  2. Porque representa la gobernabilidad, en base a una coalición con mayorías parlamentarias como la que hemos tenido en estos cinco años.
  3. Porque tiene una visión global y moderna del mundo, porque es un liberal que cree en la libertad del individuo y rechaza cualquier forma de totalitarismo de estado.
  4. Porque conoce los resortes del poder, del arte de gobernar y de la negociación política, porque tiene vocación de gobierno.
  5. Porque cree en la economía de mercado como generador de riqueza y en la política como distribuidora de la misma. Porque cree en la necesidad de fomentar la iniciativa privada, en la libre empresa y en la necesidad de crear condiciones para su desarrollo.
  6. Porque sostiene la necesidad del diálogo social, no como un pacto entre enemigos de clase, sino como la mejor forma de lograr la cooperación entre el capital y el trabajo.
  7. Porque reconoce la problemática de la pobreza no como bandera político electoral sino como un problema a resolver y propone el único camino posible para ello: incrementar la productividad, ser competitivos, atraer capitales, fomentar la empresa privada, generar puestos de trabajo genuinos y crear condiciones para la igualdad de oportunidades. Porque no está dispuesto a regresar al viejo estilo paternalista, derrochador, burocrático, hiperregulador que sólo nos trajo atraso y más pobreza.
  8. Finalmente, opto por la candidatura de Batlle por que es creible, sabemos quién es. Desde 1966 viene postulando las mismas cosas, muchas de las cuales se han dado naturalmente en estos años. Porque cuando el país se debatía entre la violencia social, la guerrilla y la confrontación ideológica este- oeste, Batlle hablaba de la modernización del país, de la apertura al mundo, del cambio institucional y del fin del estado benefactor, criticando duramente la visión cepaliana que buena parte de nuestra dirigencia política rendía culto. Porque fue un firme defensor de las instituciones democráticas en aquellos momentos donde algunos creyeron encontrar en los militares la mejor forma de tomar un atajo hacia la toma del poder. Porque en sus virtudes y sus defectos, sabemos a quien estamos votando.

Por: Juan Carlos Doyenart
Publicadas en El Observador - 20 de noviembre de 1999