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| Columnas de opinión | ||
APOSTANDO A LA INTELIGENCIA La inteligencia, ese gran activo de las sociedades modernas se ha convertido en uno de nuestros grandes bloqueos. Paradojalmente, esta sociedad que siempre se enorgulleció de su desarrollo cultura y científico, al compararnos con buena parte de los países del globo, hoy se encuentra atascada en uno de los aspectos medulares del desarrollo. Traigo aquí una repetida idea de Toffler que nos ilustra sobre las nuevas realidades del mundo. Afirma Toffler: "..La flexibilidad, la versatilidad, la capacidad innovadora no tienen que ver con las tecnologías o los modos de producción sino con el hombre que los impulsa. La preeminencia del conocimiento humano sobre las otras patas del poder significa que la nueva era trae consigo cambios fundamentales a nivel cultural e institucional. Muchas pautas culturales deberán ser definitivamente descartadas, muchas ideologías deberán ser revisadas, y muchos estilos de vida cambiados. Todo esto tiene que ver concretamente con la Educación en su sentido más amplio. Educar a los hombres en un mundo de cambios permanentes y dinámicos necesita de sistemas educativos creativos, versátiles y democráticos". Los países que crean que la educación es sólo una necesidad básica de la población a la cual hay que reservar una pequeña parte del presupuesto nacional, difícilmente se adapten a las exigencias del nuevo mundo. La educación pasa a ser uno de los elementos claves del desarrollo de un país, donde la alfabetización ya no es el principal problema. La transformación cultural está operando sobre los factores bloqueadores del desarrollo, y la educación es el principal de ellos. Cada vez más se tiende a una educación diversificada, menos masificada, que ofrece innumerables alternativas; una educación que crea una cultura técnica en la sociedad, sobre su forma de relacionarse con las nuevas técnicas productivas, y que capacita a sus técnicos para la innovación, la dirección de empresas, y el nuevo mundo del trabajo. Acuerdo con Carlos Maggi en que nuestro país se ha olvidado de uno de sus principales activos: el desarrollo de la inteligencia y ello se encuentra íntimamente asociado con el sistema universitario. Sin embargo mi acuerdo termina cuando Maggi piensa en términos del pasado y no del presente. Cuando piensa en restaurar el viejo sistema monopólico de la enseñanza universitaria creyendo que nuestro futuro depende exclusivamente de la Universidad estatal. Por suerte esto no es así, nuestro futuro depende del desarrollo de un sistema universitario abierto, dinámico, actualizado, plural, innovador y diversificado. Justamente todo lo que no es la Universidad de la República. Lógicamente la Universidad estatal tiene un rol muy importante para jugar y como contribuyente obligado demando que efectivamente asuma ese rol. No puedo dejar de reconocer que hace cuarenta años que la Universidad y el Gobierno están enfrentados, que ello incide sobre las partidas presupuestales, pero también tengo muy claro que más allá de los problemas políticos- esta Universidad no cuenta con ningún mérito para que al país realice una apuesta más importante en ella. No se ha dado una sola señal de renovación, se mantiene la vieja estructura de fines del siglo pasado, aún predomina la visión napoleónica de la educación, se desconocen los nuevos (de los últimos 50 años) enfoques educativos y las nuevas realidades profesionales. Todo es viejo, caduco, trancado y burocrático, en un área donde quien no avanza, retrocede. Hay que ser muy claros, esta Universidad no genera la más mínima confianza para que el país invierta más recursos en ella. Se requiere de un nuevo pacto: más inversión a cambio de renovación en todos los aspectos. Con cierta ingenuidad Maggi nos habla de algunos ejemplos donde la Universidad estatal participa de los procesos de modernización de las empresas estatales, como fue el caso de UTE. En realidad allí lo que existió fue una hábil jugada política del directorio para comprometer al sindicato, quien desconfiaba de las consultoras privadas del exterior. Porque los cambios en UTE fueron llevados adelante por una consultora española y no por la UR, esta sirvió para legitimar como en otros casos- una reestructura funcionarial ante un sindicato que exigía ciertas garantías. La realidad no es esa, hoy la Universidad estatal no tiene ninguna capacidad para abordar por sí sola una temática tan compleja. Ni las empresas públicas, ni las privadas pueden recurrir a una Institución que vive en el pasado para solucionar sus problemas de futuro. Comparto el objetivo de Maggi pero no el camino que nos propone. Se requiere una apuesta fuerte al sistema universitario que hoy, por suerte, esta compuestos de entidades públicas y privadas. Resulta extraño que un columnista como él, que siempre ha incentivado las desmonopolizaciones en todas las áreas del quehacer nacional, crea que en este tema la solución es el monopolio, justamente donde menos sirve. Con la creación de un sistema universitario abierto el Estado no está intentando sustituir a la UR, como tampoco pretende sustituir a UTE con la nueva ley del marco energético o al BSE con la desmonopolización de los seguros, todas medidas apoyadas por Maggi. Simplemente abrir el sistema, darle pluralidad, mayor transparencia y apostar a su crecimiento. Que La Universidad estatal se niegue a aceptarlo y mantenga su cabeza dentro del agujero en lugar de integrarse y liderarlo, es harina de otro costal. En realidad el gobierno ha sido, hasta el momento, muy tímido en este tema. Generó un proceso de reconocimiento de universidades privadas, pero todavía no ha apostado a su desarrollo. Ese gran comprador de servicios que es el Estado lo hace con la UR, no por razones técnicas sino políticas, mientras que el CONICYT no abre sus puertas al sistema privado. Posiblemente no tengamos tiempo para esperar que la Universidad estatal reaccione, con lo cual la apuesta debe ser a todo el sistema. Por: Juan Carlos Doyenart |
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