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LOS EFECTOS DEL NUEVO SISTEMA ELECTORAL


Como era razonable esperar, la reforma constitucional aprobada en el 96 comienza a generar efectos en nuestro sistema político, los cuales se expresan de diversas formas en cada una de las colectividades políticas. Estos efectos ya comenzaron a visualizarse luego de las internas partidarias, cuando se tomó conciencia de que debería enfrentarse una instancia electoral interpartidaria con un solo candidato por partido. Allí quedó claramente señalado que quienes manejaron su instancia interna sin pensar en el 26 de abril pagarían altos costos. En este sentido el ejemplo del P. Nacional seguramente quede marcado como un hito para recordar en el futuro.

Pero las consecuencias que genera el nuevo régimen electoral no terminan allí. En octubre, ¿tendremos una elección fundamentalmente parlamentaria o existirá un balotage anticipado? Todo parece indicar que, contrariamente a lo previsto por algunos analistas, en octubre la elección no se "parlamentarizará", por el contrario la tendencia indica que vamos hacia un balotage anticipado entre los dos candidatos que hoy las encuestas muestran como claros favoritos, lo cual iría en desmedro de los dos partidos que, ante la percepción de la gente, hoy "no corren".

Una tercer consecuencia generada por las nuevas reglas de juego comienzan a darse sobre el tradicional escenario atomizado de las innumerables listas al senado y diputados. Colorados y blancos han optado por concentrar esfuerzos y ambos partidos concurren a las elecciones con dos listas al senado. Ello es producto no sólo de realidades políticas internas, sino de una afinada matemática electoral. La supresión de la acumulación por sublemas a nivel de diputados genera que ya no sea conveniente el abrir varias listas, ello repercute inmediatamente sobre el número de listas al senado que tiende a reducirse al máximo. Esta nueva situación produce una especie de "sinceramiento" al interior de los dos partidos tradicionales, donde la atomización anterior basada en personalismos o cálculos electorales es sustituida por listas que representan las diferencias reales que existen al interior de cada colectividad. En el P. Colorado es donde las cosas se han dado con mayor claridad, al punto que las dos listas al senado que se presentarán en octubre representan dos corrientes provenientes de un tronco común, la vieja lista 15. Efectivamente, la realidad del P. Colorado está marcada por los liderazgos de Batlle y Sanguinetti, que en el enfrentamiento del 89 generaron estas dos corrientes. Ya nada queda de la "izquierda" o la "derecha" colorada, sólo el centro político ocupado por la ex lista 15, que muestra dos estilos de gestión sintetizados en las figuras de sus líderes. Quizás Jorge Batlle fue quien mejor describió estas diferencias de estilo, en una de sus declaraciones públicas, al hablar de un estilo "afrancesado" de Sanguinetti frente a una visión más liberal al estilo norteamericano que él personaliza.

En el P. Nacional las cosas han sido diferentes, pero el resultado final no lo es tanto. Luego de una instancia interna con cinco precandidaturas, el herrerismo surge con el control del partido y el resto se nuclea en una alianza que se alimenta más por el rechazo que por elementos en común. Esta alianza, que puede definirse como de "no lacallista" comienza a gestarse en las internas de abril alrededor de la figura de Ramírez, hoy abarca al resto del partido, pero ya no cuenta con un liderazgo claro e indiscutido. Su lider optó por no participar en la contienda electoral, lo cual le quitará todo protagonismo, dejando el primer lugar a Larrañaga, pero con el liderazgo vacante. Volonté optó por una salida inteligente, luego de una mala votación en abril, dadas las nuevas reglas del juego electoral, trabajó para un acuerdo que potenciara mejor al partido y que salvaguardara lo que quedó de su grupo. Quien fuera la principal figura nacionalista durante cuatro años, representante de un nuevo estilo de hacer política y firme abanderado de la coalición de gobierno, a pesar del magro resultado electoral de la interna de abril, logra rescatar dos aspectos muy importantes que enriquecen la actividad política. Por un lado asumiendo la actitud digna de no forzar su propia candidatura priorizando la sobrevivencia de su sector y por otra parte logra mantener la estrategia coalicionista a pesar de que ambos sectores mayoritarios no la comparten. En este aspecto, debo reconocer, que el Dr. Lacalle optó por una solución constructiva, retirando su ministro sin obligar a la ruptura de toda la coalición, en definitiva respetando la idea de quien en su momento tuviera la mayoría del partido. Finalmente, el grupo de Alvaro Ramos terminó pagando el costo de muchos errores acumulados en poco tiempo, demostrándose que el sistema político aún genera sus defensas contra quienes se abusan de él. Pero más allá de las especificidades, el P. Nacional también termina sincerándose presentándose a las elecciones de octubre con las dos corrientes que hoy realmente lo definen.

En el caso del Encuentro progresista las cosas han sido diferentes. Cuando la izquierda comenzaba a comprender el funcionamiento del viejo sistema electoral este cambia, no permitiendo que la rígida estructura frentista se adapte al mismo. Hoy el Encuentro se encamina hacia las elecciones de octubre con multiplicidad de listas que responden a los ya no vigentes parámetros ideológico – políticos de la izquierda. Probablemente en el futuro se tienda a una mayor concentración que exprese cabalmente la realidad de nuestra izquierda, dividida en dos visiones del país. Hoy parece no ser posible.


Por: Juan Carlos Doyenart
Publicadas en El Observador - 24 de julio de 1999