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| Columnas de opinión | ||
COSAS QUE NO DEBEMOS OLVIDAR Este fin de siglo se ha caracterizado, entre otras muchas cosas, por lanzar a la arena política a un buen número de personajes "pintorescos", donde su principal distintivo ha sido una postura disonante con la tradicional clase política, matizada por actitudes, discursos, gestos e incluso formas de vestir que rompían definitivamente con los viejos estilos acartonados de los políticos profesionales. Estos fenómenos no son exclusivos de esta última década, pero sobresalen por su proliferación sin precedentes y por la adhesión que logran en una ciudadanía descreída de los políticos profesionales. En nuestro país, dada su característica sobriedad, estos personajes no han alcanzado manifestaciones muy importantes, lo cual no supone su inexistencia. Mucho se ha hablado sobre el creciente sentimiento de descreimiento de los uruguayos en la clase política que se manifiesta de muy diversas formas. Sin embargo, el típico out sider todavía no ha llegado a manifestarse por estas costas, dada la fuerza que aún mantiene nuestro sistema de partidos. Ello no quita que los personajes pintorescos no existan y que despierten fuertes corrientes de simpatía entre los uruguayos. Un ejemplo de estos día viene dado por el diputado José Mujica, uno de los dirigentes históricos de movimiento tupamaro, que alcanzara una banca en el parlamento simbolizando, de esta forma, la incorporación del ex grupo guerrillero al sistema político uruguayo. Lógicamente, esa incorporación nunca fue plena, o por lo menos supuso una decisión muy difícil para este sector que históricamente renegó y enfrentó por las armas al sistema. Quizás Mujica era el mejor representante para este cargo tan cargado de simbolismo, en la medida que fue de los pocos tupamaros que no tuvo inconveniente en admitir algunos errores y asumir posturas más proclives a integrarse al sistema. Pero también resultaba funcional en la medida que siempre adoptó posturas transgresoras frente al estilo político tradicional, incluidos sus propios compañeros del FA. Una extraña mezcla de hombre de campo con intelectual de izquierda, con un discurso matizado de dichos camperos y citas literarias, con un estilo llano y directo, "sin pelos en la lengua", se incorpora al sistema pero sin dejar de criticarlo y mirándolo con cierto desdén. Un tuvo problemas en subirse a los ómnibus disfrasado de "hombre sandwich" para expresar sus reclamos, o de concurrir al parlamento en moto y de campera, expresando en todas las oportunidades su calidad de hombre de pueblo, de chacarero simple y que muy poco tenía que ver con sus pares parlamentarios. Sin lugar a dudas esta impronta en su forma de presentarse públicamente le fue generando simpatías importantes en una población cansada del estilo político tradicional, principalmente entre los más jóvenes. Estas simpatías terminan traduciéndose en apoyos electorales, que ya pudieron observarse en las internas de abril y que seguramente permitan que el ex guerrillero llegue al senado en el próximo período. Pero, además aquí está presente la heroicidad de quien arriesgó todo, incluso la vida , por sus ideales, generando una aura romántica sobre este personaje. En un libro titulado simplemente "Mujica", el "pepe" responde a una pregunta crucial: ¿por qué se hizo tupamaro? En definitiva, por qué optó por la lucha armada en el Uruguay de principios de los sesenta. La respuesta es muy simple, porque los otros caminos estaban cerrados, conclusión a la cual llega luego que la UP, en el año 62 obtiene una votación marginal. Esto es lo que hoy piensa Mujica sobre el sistema democrático representativo, como él continua viendo el "agotamiento" de la convivencia pacífica en un sistema de libertades plenas. Porque para Mujica los "errores" estuvieron en algunas tácticas militares, en la incapacidad del movimiento para generar apoyo popular, en no saber reconocer la importancia del FA o el quedar atrapados por la lógica militarista. Sin embargo no se cuestiona el tema de fondo, que pasa por la pertinencia de la acción armada en aquel Uruguay de principio de los 60. Porque nuestro país no se encontraba en manos de un tirano como batista, ni ante el poder absoluto de un partido único, ni frente a una situación social de extrema pobreza y explotación de las grandes masas del campesinado, agravado por la marginación de los indígenas. Por el contrario, estábamos en un país gobernado por un colegiado, con una extendida y próspera clase media, con el índice de urbanización más alto del continente, con la mejor distribución del ingreso, así como en una sociedad fuertemente integrada y solidaria. Porque, si bien es cierto que sobre fines de los 50 el Uruguay comienza a perder la prosperidad que lo caracterizara como la "Suiza de América, continuábamos siendo un referente para buena parte del mundo. Es más si comparamos algunos indicadores de aquel momento con los actuales encontraremos que estábamos mejor en muchos aspectos. Sin embargo, un grupo de intelectuales decidió que los caminos estaban cerrados, y que debía emprenderse vía armada. Decisión sólo explicable por la influencia intelectual que la revolución cubana tuvo en este pequeño grupo y no por condiciones sociales o políticas que le dieran sustento. No simplifico el desenlace de la dictadura militar por la sola existencia de los tupamaros, también jugaron otros factores, pero no tengo la menor duda que el MLN tuvo una incidencia relevante en ese desenlace. Tampoco olvido que esa aventura guerrillera, sustentada en una decisión superflua, generó la muerte de muchos jóvenes bien intencionados que fueron tentados en una aventura romántica sin valorar las consecuencias. No existe duda que quienes impulsaron este accionar pagaron costos personales muy altos, pero ello no me hace olvidar el mal que causaron sin una explicación medianamente razonable. Creo que luego de estos 30 años, deberían pedir disculpas al resto de los uruguayos y refugiarse en su actividad privada. Así como no podemos olvidar los horrores de la dictadura tampoco podemos olvidar la etapa previa, que nada tiene que ver con esa visión romántica que muchas veces nos quieren mostrar, donde no existieron héroes, sólo víctimas. Así como tampoco podemos permitir que la dictadura determine quienes son nuestros héroes. Por: Juan Carlos Doyenart |
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